13M – Y tú, ¿dónde estabas?

¿Puede una vida cambiar radicalmente en 24 horas? Vamos a mostrar a continuación dónde y cómo vivieron el 13M algunos de los cocineros que hace un año escribían en mayúsculas el devenir de la gastronomía española y que hoy siguen liderando el discurso a pesar de esas olas que se van encadenando; del retraso de las vacunas y de esos cierres y toques de queda que desgraciadamente forman ya parte de nuestro día a día.

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Hace 365 días, el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se dirigió a las 14.00 a toda la nación para anunciar que el Consejo de Ministros se reuniría el día siguiente con carácter extraordinario para decretar el estado de alarma en toda España durante un máximo de quince días, de acuerdo con lo establecido en el artículo 116.2 de la Constitución.

La intervención, que duró apenas tres minutos, tuvo un efecto directo e inmediato en las vidas de 47 millones de personas. Me atrevo a asegurar que muchas generaciones recordaremos ese viernes 13 con todo lujo de detalles el resto de nuestras existencias. No tanto por el fondo, que entonces nadie podía llegar a dimensionar, sino porque en 24 horas, un país entero se encerró en sus casas y no regresó a las calles, en algunos casos, hasta tres meses después.

 

Ángel León

 

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Sostiene Ángel León (Jerez de la Frontera, 1977) que ese día de marzo será difícil de olvidar. Estábamos a punto de arrancar con la nueva temporada, teníamos todo preparado y aquella mañana me acerqué a Chiclana para dar una charla a un grupo de empresarios. De repente, entró el alcalde de la localidad para decir que se cancelaba el acto porque se había decretado el estado de alarma y yo sentí que estaba viviendo un sueño, mejor dicho, una pesadilla. En el coche, mientras regresaba a casa, pensaba en lo surrealista que era cerrar un país en 24 horas, sin llegar  a imaginarme ni por un momento que ese cierre se prolongaría y que las dos semanas teóricas se iban a convertir en tres eternos meses”.

 

Xanty Elias

 

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Veíamos lo que estaba pasando en Madrid, recuerda Xanty Elías (Huelva, 1980), y aunque en Huelva no había apenas casos, decidimos adelantarnos y cerrar ese mismo 13M. Hablé con mi equipo y cancelamos todas las reservas de las cenas salvo una mesa de dos que para nosotros era y es muy especial. Son dos personas que suelen celebrar su aniversario y sus cumpleaños en nuestra casa y quisimos compartir con ellos esa noche tan dura y a la vez tan especial, seguir cuidándoles hasta el último minuto. Mientras cenaban, nosotros íbamos recogiendo todo sin saber cuando regresaríamos. Quién me iba a decir que sería el último servicio que ofreceríamos en Acanthum”.

 

Elvira Fernández

 

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Hay fechas favoritas y para Elvira Fernández, el 13 del 3 siempre fue una de ellas. En el primer 13 de marzo que recuerda, tenía 20 años y aprobó el carnet. El siguiente 13 de marzo consiguió su primer trabajo con sueldo. Años más tarde un 13M nació la idea de crear El Llar de Viri, y también años después fue el día en el que conoció a una de las personas más importantes de su vida o en el que ganó el concurso de Mejor Fabada del Mundo. Sin embargo, el pasado 13 fue muy distinto. En el fuego”, recuerda,los potes de castaña y la fabada esperaban a unos clientes que no dejaban de cancelar. De los que se acercaron a comer no pudimos ni quisimos despedirnos. Cuando nos quedamos solos, al cerrar la puerta sentí un frío extraño. Era la primera vez en 24 años que cerrábamos el restaurante sin saber porqué. Apagué la calefacción pensando que sería cuestión de días, sin imaginarme que tardaría tres meses en volver a encenderla”.

 

Esther Manzano

 

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Para nosotros todo empezó un día antes”, recuerda muy emocionada Esther Manzano (La Salgar, Asturias 1969), después del servicio de comidas y tras él aluvión de anulaciones. Aquel día estaba en casa Marcial, hablamos con los jefes de cocina y empezamos a recoger todo muy despacio, Cenamos con el equipo y nos despedimos pensando que en 15 o en 20 días estaríamos de vuelta. Llegó el sábado, eran las 10 de la mañana y en vez de estar entrando en el restaurante, estaba en la cocina de mi casa desayunando con mi familia, me sentía rara, y mis hijos y Celso imagino que también. Después de desayunar nos fuimos a dar un paseo por el Sedu, un bosque de hayas precioso que está cerca  y ese instante también se me ha quedado grabado. Salimos de casa con mucha niebla y, una vez que cogimos algo de altura, el sol rompió las nubes, empezó a brillar con fuerza y nos dejó ver una espesa capa de niebla flotando sobre la Villa de Arriondas, como si fuese una premonición de la tensa calma que precede a la batalla. Regresamos para comer toda la familia, con mis padres y mis hermanos, sin ser conscientes de que la próxima vez que volviéramos a sentarnos juntos, habrían pasado tres eternos meses”.

 

José Antonio Campoviejo

 

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La semana arrancó muy bien y teníamos el restaurante lleno el fin de semana”, recuerda José Antonio Campoviejo (Cangas de Onís, 1969), y entonces llegó el viernes, empezó a sonar el teléfono y las reservas se fueron cayendo una a una. A las 12.30, estaba trabajando una salsa y me saltó una lágrima. Me fui al almacén y rompí a llorar desconsoladamente. Cuando se me pasó, regresé a la cocina, reuní al equipo y les dije que recogieran todo y que se fueran a casa. Llamé a los pocos clientes que aún mantenían sus reservas y todos lo comprendieron. Yolanda, nuestra hija Carlota y yo nos fuimos a casa por la tarde y pocas horas después tuvimos nuestro primer encontronazo familiar cuando mi mujer comentó que la casa olía a comida. ¡Claro que olía a comida! Lo que sucedió es que era la primera vez que cocinaba en casa. Hasta ese día, siempre habíamos comido y cenado en nuestro restaurante. Pasé una noche revuelta y a la mañana siguiente le pedí a mi hija que me hiciera un vídeo pidiendo ayuda para montar un comedor solidario en Arriondas”. Diez días después, Campoviejo volvió a llorar, pero esta vez por una emoción distinta. Celebró su cumpleaños dando de comer a 100 personas necesitadas.

 

Marcos Morán

 

 

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“¿Cómo voy a olvidarlo?”, reconoce Marcos Morán (Prendes, Asturias, 1979). El viernes 13 salimos por la mañana en coche hacia Madrid mi padre y yo. El día siguiente teníamos un evento en La Terraza de El Casino con Paco Roncero. Durante el viaje la radio fue confirmando todos los malos presagios y la incertidumbre era tan grande que, cuando llegamos a Madrid, por temor a quedarnos encerrados los dos en Madrid, obligué a papá a que regresará solo a Asturias. Después de acercarme al Casino para debatir qué hacíamos con esa boda de la que los invitados se iban cayendo por minutos, Sergio Pérez me echó un cable (cómo siempre) buscando como un loco un coche de alquiler para que pudiera salir de Madrid ya que se acababa de confirmar oficialmente que España entraría en estado de alarma. Tomé rumbo a casa y durante el viaje decidí hacer cuarentena y no estar en las siguientes semanas con nadie. Al fin y al cabo, había estado dos días conviviendo con muchas personas sin mascarillas. Finalmente, llegué de vuelta a Asturias y ahí empezó otra historia, menos intensa pero mucho más dura”.

 

Xune Andrade

 

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“Si pienso en el 13M lo primero que me viene es el ruido del teléfono, sonando sin parar”, nos cuenta Xune Andrade (Pola de Lena, 1988), las reservas se caían por minutos y cada anulación que nos llegaba nos hundía un poco más. Nunca olvidaré las caras de todos aquel día. Dimos una última mesa de dos para cenar, recogimos más en silencio que nunca y esa noche la pasé entera pensando en todos los frentes que teníamos abiertos en ese momento y en cómo hacer para salvarlos. Acabábamos de cerrar un proyecto para llevar Monte a Londres una semana y una colaboración en un proyecto  de huerta experimental. Teníamos contratados eventos externos y habíamos terminado el desarrollo de la marca Mo, que finalmente nació con un enfoque distinto adaptado a la pandemia. Pero sobre todo, lo que me quitó el sueño esa noche y muchas que vinieron después fue saber qué iba a pasar con mi equipo. Hasta que no se aprobaron los primeros ERTES no pude respirar tranquilo”.

 

Rosa Esteva

 

 

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Tampoco Rosa Esteva (Barcelona, 1942) ha olvidado el 13M. La fundadora del grupo Tragaluz – que llegó a gestionar 22 restaurantes y OMM, un Hotel inolvidable que sigue viajando en la memoria de muchos, arrancó el día en el único restaurante que le quedaba, El Mordisco. Fue el primero que abrí y no había podido desprenderme de él cuando decidimos vender. Recuerdo que no dejaba de pensar en qué podía hacer para salvar el personal y la materia prima, y no se me ocurría nada. Sentí dolor e impotencia porque vi que todo el esfuerzo que habíamos volcado para darle una segunda vida a este nuevo Mordisco podía desvanecerse. Me sentí impotente y yo, que suelo ser rápida, sentí que todo iba demasiado rápido a mi alrededor. Llegaban los proveedores con productos que no podíamos aceptar porque no íbamos a emplear y a la vez, sabíamos que tampoco ellos podrían utilizarlos y no sabía que decirles. Creo que si las decisiones se hubieran pensado con más tiempo, habrían hecho menos daño a la sociedad”.

 

Toño Pérez

 

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Todo apuntaba a que iba a ser un gran fin de semana, con el cartel de completo en el Hotel y en el Restaurante”, recuerda Toño Pérez (Casar de Cáceres, Cáceres, 1961),Estábamos inmersos en nuestra rutina, trabajando con cierta normalidad y a la vez, intuyendo que algo muy grande se nos venía encima. Y entonces sucedió, llegó el viernes, empezó a sonar el teléfono y en menos de 24 horas tuvimos una avalancha de anulaciones y cancelaciones. Yo no daba crédito a lo que estaba ocurriendo, fue la primera vez en 34 años que cerramos Atrio. Nunca hasta ese día habíamos cerrado de esta forma tan inesperada, ni por vacaciones ni por descanso del personal ni por cuestiones de obras. Me costó muchas semanas quitarme de encima la sensación de apagar todas las luces del Hotel y no saber cuando las volveríamos a encender”.

 

Manuel Domínguez

 

 

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La sensibilidad del cocinero Manuel Dominguez (Carballiño, Ourense, 1975) es tan extrema que, dos días antes del fatídico 13M se reunió con todo su equipo y les comunicó que Lúa permanecería cerrado hasta nuevo aviso. Me autoconfiné dos días antes porque estaba muy temeroso, me preocupaba mi equipo, me preocupaban mis clientes, me preocupaba no poder controlar las cosas así que decidí cerrar y esperar en casa. Cuando el viernes escuché las noticias sentí que todo ese temor que llevaba dentro hacía días no era infundado”.

 

Pepe Solla

 

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Recuerdo que llegó el viernes 13 después de una semana en la que por motivos laborales me había visto obligado a viajar sin parar, cruzando el país de norte a sur y de este a oeste, siendo totalmente ajeno a lo que estaba a punto de suceder”, recuerda Pepe Solla (Poio, Pontevedra, 1966). A mediodía me había acercado a Santiago para dar el pase de comida en La Radio. El ambiente de desconcierto se notaba ya desde la mañana y se respiraba en las calles una tristeza poco, por no decirte, nada habitual. Ese mediodía solo atendimos una mesa en La Radio, era de un amigo, Julio, proveedor de cocinas Chef Partner. Fue justo en ese momento cuando conocí la noticia del cierre obligatorio de 15 días. Pasé el servicio de noche en Casa Solla, envuelto en una sensación de desasosiego ante una situación que nos superaba en todo. Nunca había sentido algo parecido. Traté de comprender y de buscar una explicación con todo el equipo mientras recogíamos y nos despedíamos hasta dentro de dos semanas. Lo que sucedió después ya es más que conocido por todos, y con respecto a la explicación, confieso que nunca la he encontrado”.

 

Andrea Tumbarello

 

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“El 13M no será fácil de olvidar. Ese día tomé una de las decisiones más rápidas y creo que más acertadas. Sucedió todo de repente, al ver la sala medio vacía un viernes por la noche, algo que jamás había sucedido desde que abrimos”, confirma Andrea Tumbarello, (Marsala, Sicilia, 1964). Lo único que me preocupaba era alejar a mis hijos del peligro así que les llamé, les dije que hicieran las maletas y al día siguiente viajamos con unos amigos míos profesores a Asturias. Alquilé una casa rural en Luanco para pasar dos semanas que se convirtieron en tres meses y pasé ese largo período compartiendo las 24 horas del día con ellos, algo que jamás había hecho hasta ahora”.

 

Diego Guerrero

 

 

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Diego Guerrero (Vitoria, 1975) pasó casi todo ese viernes en Dstage. Llevábamos días muy inquietos, escuchando que algunos empezaban a cerrar, sin saber qué era lo más correcto. Recuerdo que había mucho desconcierto y desconocimiento a nuestro alrededor y que me dominaba un sentimiento de responsabilidad hacia mi equipo y hacia mis clientes, quería mantener la calma, no ser dramático, esperar y ver como fluía todo. Cuando el viernes confirmaron el estado de alarma, saltó nuestra verdadera alarma roja. Cancelamos las reservas y nos sentamos con nuestro equipo para transmitirles calma e intentar reducir esa preocupación que lo envolvía todo. Por la noche, de regreso a casa, sentí por primera vez miedo al pensar que no teníamos ninguna herramienta para defendernos de algo que ni siquiera veíamos venir”.

 

Ricardo Sanz

 

 

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Fue un viernes que no creo que nadie pueda olvidar, comenta Ricardo Sanz (Madrid, 1958), “cuando recibimos a medio día la noticia oficial de que teníamos que cerrar, nos pusimos en marcha y, a pesar de la pena y la preocupación, logramos dejar organizado el cierre de todos nuestros locales ese mismo día. Dos semanas después, abrimos nuestra cocina central para empezar a ofrecer comida a domicilio y la gente empezó a responder enseguida. Cuando pienso en el 13M me vienen sentimientos de mucha tristeza y de incertidumbre, pero enseguida pienso que pudimos sobrellevarlo apoyándonos los unos en los otros. Me agarré entonces a la idea de que el 2021 nos llevaría directos a los locos años 20, y un año después, sigo pensándolo, así que prepararos porque de verdad no queda nada para recuperar las calles”.

 

Rodrigo García Fonseca

 

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Decidimos cerrar Arima el día anterior al 13M, comenta Rodrigo García Fonseca (San Sebastián, 1979) porque las reservas se anulaban de forma compulsiva. Era algo muy inquietante, no sabíamos por cuanto tiempo cerrar, si era mejor hacerlo o no hacerlo, no sabíamos nada. También recuerdo que mi ultima caña antes de que todo se parara me la tomé en el Doble y que me supo distinta. Me desperté el sábado y, pocas horas antes de que se decretara el estado de alarma me llamaron desde Vitoria para decirme que KEA seguía adelante con las obras y pensé que quizás no fuera para tanto. A medio día, mientras estábamos enchufados a la televisión, imagino que como toda España, comimos una lentejas con mucha verdura bien picada, una paletilla de cordero lechal asada y tostas con ajos asados y setas. Y recuerdo también que, pocas horas después, justo cuando el presidente anunció el estado de alarma y que las peluquerías seguirían abiertas, me dio por hacerme un bocata de txistorra hervida. Y sobre todo, recuerdo todo esto un año después mientras espero ansioso la llegada de Luca, ¡mi tercer hijo!”

 

Roberto Ruiz

 

 

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“Estaba con María, mi mujer, en Punto Mx”, recuerda el chef mexicano Roberto Ruiz, intentando gestionar, sin tener ninguna experiencia ni referente previo, los cierres temporales de Punto Mx, del salón Cascabel y de nuestro puesto del Mercado San Miguel. Y a la vez, muy atento a lo que sucedía en Colombia y en Portugal, países en dónde también operamos. Aquel día estábamos ofreciendo, sin saberlo en ese momento, el que sería nuestro último servicio de comida en el espacio de General Pardiñas que nos vio nacer. Recuerdo que hubo cancelaciones muy complicadas porque algunos clientes creían que les estábamos engañando y que sí íbamos a ofrecer servicios por la noche. En el fondo, nadie se quería creer lo que estaba sucediendo”.

 

Sergio Pérez

 

 

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“Estaba con Marcos Morán en el Casino de Madrid preparando una parte del menú para una boda de 300 personas que se celebraba el día siguiente, recuerda Sergio Pérez (Madrid, 1974). Nosotros nos ocupábamos de la fabada, el bogavante y el arroz con leche. Conforme avanzaba el día. se iba reduciendo el número de invitados hasta que el grupo se quedó en 40. En vista de lo que estaba sucediendo, cancelaron el evento y todos nos fuimos a nuestras casas. Llegué a la mía, me senté delante del televisor y empecé a planificar nuestras huida a la sierra, a Guadarrama, al lugar que se ha convertido en mi casa actual”.

 

Andoni Luis Aduriz

 

 

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“El 13M está encapsulado para mí en una fotografia concreta”, confiesa Andoni Luis Aduriz (San Sebastian 1971).“Fue tomada minutos después de haber acabado la última degustación del menú de la temporada que íbamos a arrancar pocos días después. En la imagen, que refleja todo lo que acabábamos de vivir, aparece Ana Fernández y Pep Gatell de La Fura dels Baus; nuestra colaboradora Sasha Correa; el bailarín y coreógrafo de Kukai Jon Maya; el pintor Manu Muniategiandikoetxea y yo haciendo las labores propias de un técnico de sonido. Ese día finalizaba el proceso de degustaciones, de ensayos, de consultas y de sobremesas internas para ir tomando decisiones de cara a la nueva temporada. Recuerdo la sensación de final feliz, de que no ha quedado nada descolgado. Terminamos el día llenos de euforia y de felicidad por lo mucho que habíamos aprendido y compartido. De allí me fui directamente a mi casa y ya no volví a salir. Ese viernes, pocos días antes de arrancar nuestra nueva temporada, acabó todo lo que habíamos estado construyendo durante meses”.

 

David de Jorge y Martín Berasategui

 

 

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David de Jorge (Hondarribia, 1970) y Martín Berasategui (San Sebastián, 1960) vivieron juntos las primeras horas del 13M. Estábamos en la cocina de Lasarte, llevábamos muy pocos días con la nueva temporada recién estrenada, de hecho habíamos abierto esa misma semana. Estábamos sentados en la mesa alargada donde normalmente comemos antes de empezar el servicio. No había entrado aún ningún cliente. Seguro que tomamos un guiso o una sopa, pero no sabría decirte. Ahora me doy cuenta de que nuestras cabezas estaban en otro sitio, intentando comprender algo que no tenía explicación, algo que parecía que solo podía pasar en lugares remotos y que de repente llamaba a nuestras puertas. Escuchamos las noticias, nos quedamos tan desconcertados como todos e hicimos como el resto de compañeros: comunicamos a los equipos que cerrábamos quince días. No creo que nadie olvide el 13M ni todo lo que pasó los tres meses siguientes”.  

 

Elena Arzak

 

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Llevábamos una semana muy dura, todo el equipo estaba aturdido y asustado. Habíamos empezado a llevar mascarillas porque vimos que algunos clientes las llevaban y queríamos que estuvieran tranquilos. Los días pasaban y fuimos dándonos cuenta de que se acercaba la hora de cerrar el restaurante. Sentíamos pena y miedo, pero a la vez queríamos defender nuestro trabajo hasta el final, recuerdo esos últimos pases con una ilusión tremenda. Lo dimos literalmente todo, a unos clientes que en algunos casos venían para vivir su última cena antes de encerrarse”, recuerda emocionada Elena Arzak (Donostia, 1969). Cuando confirmaron el estado de alarma nos sentamos con nuestro equipo y repartimos con ellos todo el producto perecedero para que se lo llevaran. Para mi padre y para mi, lo más difícil aquel día fue mirar a todas esas personas que trabajan con nosotros y que son nuestra familia y no poder decirles cuando volveríamos a abrir. Ese dolor todavía no lo he borrado”.

 

Francis Paniego

 

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Mientras escucho a Francis Paniego, (Ezcaray, La Rioja, 1968), recuerdo uno de los videos que más me conmovió en la pandemia. En la imagen aparece él recorriendo lentamente el restaurante mientras apaga una a una las luces. Sigue recorriendo la entrada del hotel, sigue apagando interruptores hasta que en un momento dado, la oscuridad lo llena todo. Francis me confirma que pasó el viernes 13 de marzo en casa. Cerramos un día antes, la semana había sido muy convulsa en la Rioja, fue una de las zonas más afectadas al principio. Un brote en Haro había obligado a perimetrar calles y empezábamos a a intuir que lo que se nos venía encima era muy grave. Recuerdo también lo que sentí cuando los colegios cerraron el 9. Nos reunimos llenos de incertidumbre, intentábamos buscar soluciones, empezamos a hablar de Ertes y a preparar comunicados de cierre, con la ingenua esperanza de que en 15 días, quizás todo se habría solucionado”.

 

Begoña Rodrigo

 

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El Mercado Central de Valencia es el escenario en el que Begoña Rodrigo (Valencia, 1975) se enteró de que algo grave estaba a punto de pasar. Entre los puestos corrían rumores de un cierre inminente. Ella se encontraba en el mostrador de Rafa, el proveedor de flores, setas, germinados, aromáticas y verduras que vendía al sector de la restauración (que cerró y que no ha vuelto a abrir un año después) y al escucharlos, se despidió de Rafa, entró en el parking, se subió al coche y se echó a llorar. “Cuando se me pasó regresé al restaurante, reuní al equipo y les dije que teníamos que cerrar. Nunca llegué a pensar que ese iba a ser nuestro último día en esa ubicación porque cuando reabrimos meses después, lo hicimos en el nuevo espacio. Tiempo después, me sigue doliendo y me da mucha pena no haberme podido despedir de esa primera Salita que nos regaló tantas alegrías y que me permitió llegar hasta aquí”.

 

Jorge de Andrés

 

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“En realidad, nosotros cerramos antes de ese fatídico 13M”, cuenta Jorge de Andrés (Valencia, 1963I, Seguíamos muy de cerca todo lo que estaba pasando a nuestro alrededor. Nuestra primera señal de alerta saltó con la anulación del Mobile World Congress de Barcelona en febrero y con todo lo que estaba pasando en el norte de Italia. A la vez, nos llenaba de preocupación ver el ambiente pre fallero que había en las calles, la gente quería vivir las Fallas a pesar de todo lo que sucedía cada vez más cerca. Por eso, cuando el lunes 9 empezaron a caer las reservas en el restaurante y aunque estaba lleno de dudas y de incertidumbre, reuní a mi equipo, nos repartimos los productos perecederos, un pedido con la última trufa de temporada que acababa de llegar entre otros, y les dije que nos veríamos en dos semanas, qué ingenuo fui”.

 

Ricard Camarena

 

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Horas antes de la confirmación oficial del Estado de Alarma, Ricard Camarena y Quique Dacosta subieron a sus perfiles un vídeo conjunto comunicando que, en un ejercicio de compromiso y responsabilidad, todos sus restaurantes permanecerían cerrados hasta que la situación estuviese controlada. Recuerdo que fue un día muy movido”, reconoce Ricard Camarenade muchas conversaciones telefónicas y de muchos nervios. Es cierto que pensábamos que sería algo que se solucionaría, como mucho en un mes, no imaginábamos ni de lejos la que se nos venía encima. Fue duro comunicar a toda la empresa que cerrábamos sin saber a ciencia cierta cuando volveríamos. Imagina hablar con más de 100 personas a la vez y decirles que no vengan a trabajar al día siguiente”.

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