Conociendo a Ana Roquero de cooKplay – La diseñadora industrial que quiere (y logra) emocionar a las personas

A Ana Roquero no le gusta que le llamen artista, pero si el arte consiste en provocar emociones, eso es exactamente lo que transmite cada pieza que diseña. Tampoco le gusta que le llamen artesana porque afirma que ella solo sabe crear a escala industrial. Pero cuando colocas una de sus criaturas entre tus manos, es como si cobrara vida, y sientes enseguida el pálpito de la mano que la ha pensado y cincelado. Muy a su pesar, es la “diseñadora industrial” (solo me deja que le llame así) más artista y artesana que he conocido en lo que llevo de camino vital recorrido.

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Hace cuatro años visitamos La Bomba Bistrot para compartir un rato largo con Christophe Pais y cuando coloqué uno de sus boles (concretamente de la colección Jomon de Cookplay) en la palma de mi mano, sentí una especie de descarga. Me emocionó profundamente el hecho de ir a comer en un cuenco en el que la belleza y la funcionalidad se abrazaban sin saber dónde acababa una y empezaba la otra. Ese soporte, que se convirtió en cuanto lo toqué en una extensión de mí y de mi mano, rompía además radicalmente con las aburridas reglas del protocolo de la mesa.

Pasaba el tiempo y me iba encontrando piezas suyas en escaparates de tiendas de ropa o de diseño; en halls de hoteles; en mesas de restaurantes y en estanterías de casas. Siempre que las tenía delante, las reconocía inmediatamente y sentía una curiosidad enorme por conocer a la persona que estaba detrás de esos objetos llenos de personalidad y de algo más que no acababa de reconocer.

Hace un par de semanas, una foto de Instagram llevó a un mensaje privado, el mensaje se tradujo en una llamada y pocos días después, nos encontramos con Ana Roquero y con Thibault Paoulou en Arco, un espacio lleno de magia, una tienda (quizás sería más apropiado denominarla galería de arte) en la que habitan bellísimos objetos y muebles del siglo pasado, ubicada en el número 2 de la calle Fernando VI de Madrid. Había llegado la hora de conocer su historia.

No sé si en esta vida llegaré a ser amiga de la diseñadora y co-fundadora de Cookplay Ana Roquero (Bilbao, 22 de enero de 1963). Lo que sí sé, es que en otra vida lo fuimos. Lo sé porque en cuanto nos encontramos, presentí la energía y la fuerza de alguien que lleva toda la vida luchando por sus sueños. Y visualicé, antes incluso de que que ella empezara a hablar, su lucha, su dura batalla interior y su búsqueda constante. Le robamos una hora de su tiempo y la exprimimos al máximo para poder viajar a su pasado y a su futuro desde un presente lleno de proyectos ilusionantes.

 

“Lo que más me interesa ahora es transmitir emociones”

 

Nos sentamos en unas sillas Gian Carlo Piretti alrededor de una maravillosa mesa redonda Warren Platner Dining años 60 y le confieso enseguida que sus piezas me transmiten muchas emociones y que encuentro algo artístico en sus creaciones. Para nada, yo soy industrial, a mí no me llames artista, no me metas en líos”, contesta riéndose. Soy solo diseñadora. Tampoco soy artesana, yo no sé cómo se fabrican las cosas, defino el objeto, la función que tendrá y dejo la producción en manos de otros. El artesano conoce y ejecuta todos los procesos, primero piensa la pieza y luego la fabrica. Su proceso abarca desde el principio hasta el final. Nosotros abordamos exclusivamente el diseño funcional y la producción en masa, no somos artesanos, solo somos diseñadores industriales”.

 

De Pequeña

 

Antes de seguir con las preguntas serias me asomo un momento a su infancia y descubro que de pequeña, Ana Roquero quería viajar, ser azafata para poder recorrer el mundo. Una parte de mí es muy viajera, me encanta el mundo, mi diseño es muy global, a veces dicen que somos nórdicos, otras que japoneses. ¡Que más da! si hoy realmente todo es global, mires donde mires”.

 

Faros que miran a Londres

 

Ana decide estudiar Bellas Artes en Bilbao. Le pregunto ahora si recuerda el momento en el que se decantó por el diseño industrial. Claro que sí. fue con la asignatura de Diseño Gráfico. La impartía el arquitecto Perico Basañez. Nos pidió que diseñáramos unos faros de costa y unos cubiertos y supe entonces que ese era el camino que debía seguir”.

Se licencia en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco y pasa tres años en la Kingston University de Londres obteniendo su segunda título de Diseño Industrial, esta vez con matrícula de honor. Te hablo de los 80, eran años apasionantes, en España Mariscal rompía esquemas con sus diseños de muebles, había cabeceras de culto como la revista Ardi, que reflejaban lo que estaba pasando, todo era nuevo, todo rompía con lo establecido”.

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Ana reconoce que el mundo anglosajón le marcó, realmente me formé en Inglaterra, allí descubrí que me gustaba fabricar y diseñar para mucha gente. Al artesano la parte de llegar a muchas personas no le importa. Y yo me pasaba el día pensando en cómo hacer para reducir el coste de nuestras piezas para poder llegar al mayor número posible de personas”.

 

Regresar y Empezar

 

Antes de hablar de Cookplay, la editora de menaje fundada en 2014 por la que Roquero es hoy conocida a nivel internacional, recorremos por encima su etapa anterior. Llevo muchos años trabajando en el mundo del diseño. Cuando empecé, monté un estudio con dos socios en Bilbao y nos dedicábamos a diseñar cosas muy grandes. Cuando iba por la sexta lavadora empecé a sentir que necesitaba un cambio. Abrimos entonces, en 2008, un segundo estudio en Barcelona para diseñar bienes de consumo de hogar. Necesitaba acercarme a las personas a través de objetos de dimensiones más reducidas”.

Roquero pasa la mitad de la semana en Barcelona y la otra mitad en Bilbao. Quiere instalarse en Barcelona en cuanto sus hijos crezcan un poco más. Le atrae la atmósfera que hay allí, le resulta más fácil establecer diálogos sobre diseño con las empresas, siente que el diseño está más asentado. Y entonces, llega la crisis, los clientes empiezan a caer y se ve obligada a cerrar el estudio de Barcelona y regresa a Bilbao, a una atmósfera más segura y más familiar.

 

Nuevo Punto Cero

 

Y como al final, todo sucede por algo y además, la vida siempre se escribe en plural, entonces la vida le regaló a Thibault Paoulou. Él colaboraba en el estudio como especialista en Marketing y en CoolHunting. Enseguida conectamos y vimos que teníamos que unir nuestras fuerzas. Era hora de apostar de nuevo así que cerré el estudio de diseño que había creado hacía 20 años e iniciamos un nuevo proyecto combinando nuestra experiencia en el mundo del diseño y del marketing”.

 

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Thibault Paoulou

Thibault realizó un profundo estudio de mercado para analizar los diferentes sectores y cómo se estaban enfrentando a la crisis y detectó que el nicho del menaje y de la gastronomía se mantenían estables. La cocina estaba viviendo una revolución con Ferrán Adrià y con el apogeo de la cocina molecular. Analizaron y llegaron a la conclusión de que esa nueva cocina contemporánea necesitaría un nuevo menaje para expresarse y se lanzaron a una nueva aventura para dar respuestas a esas nuevas necesidades. Y entonces, nació Cookplay.

Le pregunto a Ana si le costó dar el salto a un nuevo sector. No, soy diseñadora por los cuatro costados, ya tenía la técnica y el conocimiento. Había hecho tantos planos de inyección con tolerancia y diseños de moldes para piezas de grandes dimensiones que sentía que necesitaba volver a la expresión más sencilla de la escala humana. Me sentía muy cómoda pensando en piezas ergonómicas de pequeño tamaño que pudieras colocar en la palma de tu mano. Y en que las pudieras sentir. Ya no me interesaba tanto la técnica, ahora solo quería transmitir emociones. Pensé mucho en qué quería y en qué y en cómo necesitaba expresarlo, y cuando entendí que era lo mejor que podía ofrecer, entonces llegó el éxito”.

 

“Solo sobreviven aquellos objetos que tienen un componente funcional. Y lo hacen porque sirven para algo, esa es al final la esencia del diseño”.

 

Fundada en 2014 por Roquero y Paoulou, la editora de objetos de menaje Cookplay exporta en la actualidad el 75% de su producción; está presente en 40 países con México, República Dominicana, Reino Unido, Dubai y Nueva Zelanda encabezando el ranking de ventas. Ana ha diseñado hasta ahora cuatro colecciones (Jomon, Yayoi, The Tablet y Shell Line), una por año, y acaban de presentar en Frankfort su primera línea desechable 100% compostable.

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Colección Jomon

 

Hacer más bonita (aún) la realidad

 

Quiero que la gente disfrute cuando va a comer, a cenar o a picar algo en su casa”, reconoce Roquero,que se sienta cómoda comiendo delante de la televisión, tumbada en un sillón o en la terraza. Un 30% de las personas viven solas, los hábitos han cambiado radicalmente y nadie nos ha enseñado a disfrutar sin compartir la comida con otros. Una señora se acercó en una feria para contarme que había comprado mis boles y que desde que cenaba en ellos, ya no se sentía tan sola, me dijo que nuestras piezas le dejaban ser más libre. Pensé que había hecho feliz a alguien, y eso me emocionó. Por eso lucho tanto por el precio. El bol del que me hablaba esa señora cuesta en tienda 19 euros. Si costara 100 €, haría feliz a mucha menos gente”.

 

“Llevo toda la vida diseñando,

soy una apasionada del diseño,

pero hasta que no fui yo misma,

no llegó el éxito”

 

Hablamos del panorama con el que se va a encontrar su hija – que ha estudiado las mismas carreras que su madre y vive ahora mismo en Londres – y Roquero reflexiona sobre cómo ha evolucionado el mundo del diseño industrial en España. Nosotros tampoco lo tuvimos fácil. A mí me tocó llamar a la puerta de muchas empresas para explicar qué era eso del diseño industrial. En mi época las empresas no sabían qué era el diseño industrial porque siempre se había encargado fuera. En España es una profesión muy reciente, tanto que recuerdo que hubo un tiempo, no tan lejano, en el que la gente pensaba que no nos tenía que pagar, nadie nos pedía las tarifas, era algo que se daba por hecho”.

 

“La revolución está en manos de los cocineros”

 

Cuando voy a un restaurante y veo platos tradicionales combinados con toda esa nueva cocina fusión llena de salsas y de nuevos ingredientes, me emociono y me inspiro mucho en ellos. Pienso que los cocineros hoy necesitan nuevos soportes que les ayuden a experimentar; a desarrollar nuevos conceptos y a presentarlos en la mesa de formas diferentes. Ellos han creado un nuevo lenguaje, es lógico que necesiten nuevos soportes para expresarse”.

 

El primero de aquí

 

Su primer cliente cocinero En España fue Francis Paniego. Le enseñamos nuestra primera colección, Jomon, y enseguida entendió lo que queríamos transmitir. Era una nueva forma de comer, una nueva forma de llegar a la gente. Francis es una persona abierta a las tendencias, con un gran sentido del humor, y le encanta llegar a la gente, a mucha gente si puede ser, así que conectamos desde el primer momento”.

 

Comer Menos y Mejor

 

Las cuatro colecciones diseñadas hasta ahora comparten un mismo discurso. Para Ana es importante comer menos. “Pensamos que comer mucho no era saludable y apostamos por crear soportes para ayudar a comer menos cantidad y a la vez divertirnos combinando diferentes ingredientes. Apostamos por crear un concepto modular, una colección de piezas de menor capacidad que iríamos combinando en función del menú”.

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Le propongo un juego entonces. Tenemos piezas de distintas colecciones sobre la mesa, (fly, nest, jomon y flat, todas bellas, todas emocionantes). Las despliego y le pido que las rellene con distintas verduras, ensaladas, salsas y frutos secos. Y enseguida, mira a Thibault para que le ayude a elegir los ingredientes mientras se ríe. Yo soy más de diseñar que de cocinar”, reconoce. Y la entiendo, ella no sabe como la entiendo…

 

El Empujón Definitivo

 

Roquero recuerda entonces la decisión que les ha llevado a estar en apenas cuatro años en la lista de proveedores de los mejores cocineros del mundo; en los hoteles más vanguardistas y en tiendas del sector del lujo de Francia, Italia, Holanda o Dubai. En el primer año de vida de Cookplay, 2014, decidimos participar en una feria internacional, era la primera vez, queríamos probar y escogimos la feria Maison et Objet de París. Viajamos desde Bilbao con un carpintero, lo metimos todo en una furgoneta y nos presentamos en el pabellón dos días antes para diseñar un stand con forma de caja de bambú y llenarlo con piezas de nuestra primera colección. Buscábamos distribuidores para el cliente final pero los que más se acercaban eran cocineros y responsables de hostelería. La acogida fue espectacular y para colmo el último día nos concedieron el premio marca revelación. No nos lo podíamos creer”.

Regresan a Bilbao, Roquero contacta con una fotógrafa especializada en comida que viaja desde Alemania para pasar días con ellos y plasmar esa primera colección, diseñan un catálogo que transmite exactamente lo que son y a partir de allí. La carrera se dispara. Nuestro sueño era y es llegar al cliente final, pero realmente, la hostelería es el sector al que más le estamos aportando ahora mismo”, reconoce.

 

Chikio, volver al origen

 

Acaban de llegar de otra feria, la de Frankfort, y les pregunto por las novedades que han ido a presentar. Estamos viviendo una etapa muy dulce”, confiesa Roquero, Cookplay nació con la idea de crear piezas 100% sostenibles. Entendíamos que el futuro estaba en las colecciones desechables, pero después de investigar en Japón, comprobamos que necesitábamos una inversión muy elevada y que además la sociedad todavía no estaba muy sensibilizada con el tema sostenible. Así que tuvimos que renunciar y apostar por la porcelana. En cierto modo, escogimos un material que también era sostenible ya que son piezas que se guardan y se heredan”.

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Thibault añade: Cinco años después, estamos preparados para acometer la inversión y pagar por esos moldes a los que tuvimos que renunciar al principio. Además, el tiempo nos ha dado la razón, en 2020, mejor dicho, dentro de 9 meses, estará prohibido emplear productos plásticos de un solo uso. Hay muchos proveedores de desechable ecológico, pero todos tienen lo mismo, no hay discurso ni diseño personalizado detrás. Nosotros hemos pagado nuestros moldes, hemos invertido tiempo y dinero y somos la única marca del sector que ahora mismo puede ofrecer vajilla desechable con diseño propio”.

 

Nombres y culturas que inspiran

 

Chikio (evocadora y enternecedora palabra que en euskera significa chiquitito y en japonés tierra) es el nombre de la primera colección desechable y 100% compostable que acaban de presentar en la Feria de Frankfurt. Está integrada por seis bellísimas piezas elaboradas con pulpa de caña de azúcar y estará disponible a partir de mayo.

La hora vuela, tenemos mil preguntas más que hacerles pero ha llegado el momento de despedirnos. Antes de que se marchen, le pedimos a Roquero que se siente en una maravillosa butaca danesa años 60 que hay delante de una de las fachadas acristaladas y salgo a la calle para contemplar el efecto que ella hace en el escaparate y para confirmar lo que sospecho: con su sola presencia, Ana le da sentido a cualquier escena.

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Parece la protagonista de un casting de una película francesa, tiene esa belleza intemporal que solo poseen algunas mujeres, aquellas que se atreven a ignorar el paso del tiempo, combatiéndolo de la única forma que existe, con inteligencia emocional, risas y sonrisas. En la cazadora vaquera que le he pedí que no se quitara para las fotos, dos pequeños dragones se entrecruzan, moviéndose al mismo ritmo que sus palabras llenas de diseño industrial, humor, emociones y de un sueño que no deja de repetir, llegar a las personas. No le digo nada pero pienso que su sueño ya se ha cumplido y que debería ir ya a por el siguiente.

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