Una Camarera en el Campo – ¿Dónde Estará Ahora?

Sería correcto decir que la foto retrata a una camarera que coloca una taza de café sobre una mesilla, pero con ello me quedaría corto. Haría poca justicia a la joven y a la corta historia que se esconde detrás de ella.

camarera-campo

Su nombre era Virginia. Hablo de ella en pasado, porque desde que la fotografié aquel miércoles 26 de octubre 2016, no he vuelto saber nada de su vida. No recuerdo sus apellidos, pero aún me suena su acento; tan dulce y meloso al oído como el sabor de la miel en boca.

El día anterior, la disparé un par de veces mientras atendía una mesa en la sala del restaurante. Esas imágenes las descarté porque se había percatado en seguida que la estaba fotografiando y se le notaba incómoda. Por eso, aquella noche después del servicio me acerqué a hablar con ella un rato.

Me contó que apenas hacia unos meses que había llegado a España desde Puebla, México, consiguiendo su primer trabajo como camarera en el hotel de este pequeño pueblo en el norte del país. Una aldea de apenas 300 habitantes, rodeada por viñedos .

La pregunté por su trabajo y me confesó que estaba muy contenta de ser camarera, aunque todo era nuevo y sentía constantemente miedo a fallar. Tenía ganas de aprender rápido pero se estaba dando cuenta de que para servir bien a los clientes había mucho que asimilar. Sentía que por ahora pasaba desapercibida entre la gente y le frustraba no hacer bien su trabajo. Yo estaba en desacuerdo, pero no la dije nada. Se le notaban las ganas, por algo me había fijado en ella.

Con la ayuda de mi compañera logramos saber un poco más. Entre una cosa y otra también nos contó que hacia meses que no había hablado con su familia; que aun no había conseguido hacerse con unos amigos en los que confiar y que añoraba mucho el calor de su gente y de su tierra.

Las distancias, la soledad y la incertidumbre habían entrado en su vida y era evidente el frío y la tristeza que medio escondía en el cuerpo. No obstante, me parecía que lo soportaba con mucha calma y dignidad. Había mucha determinación en sus ojos y algo en su forma de comportarse que me aseguraba que iba a superarlo. Ella, a pesar de todo, solo aspiraba a servir a los demás y hacer todo lo posible para que disfrutaran de unos pocos momentos especiales.

Deseaba captar la esencia de todo aquello en la foto. Sé que no lo conseguí, y ahora que observo la imagen de esta joven casi olvidada, me pregunto qué habrá sido de ella. También pienso en todos los demás camareros que he conocido a lo largo de los años, en sus infinitas ganas de servir a los demás y su buen hacer para que disfrutemos sentados en esas mesas que cuidan y custodian.

Hoy por hoy, sé mucho más de los cocineros: dónde están, qué están haciendo, de sus preocupaciones de sus aspiraciones y de sus inquietudes. En fin, de alguna manera ellos siempre han sido los protagonistas de nuestras historias y por desgracia, no he tenido tiempo para prestar la misma atención a sus equipos. Con la ayuda de Virginia y de esta fotografía que la refleja a solas en el campo, quiero enviar recuerdos a todos los equipos de sala y desearos lo mejor en estos días extraños que nos toca vivir..

 

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