Una Comida con Carlos Latre – Filtrando la Realidad a Través del Humor

Restaurante Arima, 13.00, un martes de febrero. Alguien empuja la puerta, avanza seguro, el peso del cuerpo está absolutamente compensado, abraza a Rodri, abraza a Nagore, nos mira y en ese instante preciso, entramos en una dimensión desconocida de la que saldremos cinco horas después. La persona que tengo delante y que acaba de hacer que ya no estemos en Arima ni en el centro de Madrid ni en 2019, es Carlos Latre, alguien que lleva tres décadas investigando y rindiéndole culto al concepto más mágico, poderoso y valioso que creo que existe y que da sentido a la vida: el humor.

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“El humor es un sustantivo masculino. La palabra, de origen griego, se traduce como líquido o humedad. En la antigua Grecia se consideraba que el cuerpo tenía cuatro líquidos (sangre, bilis amarilla, bilis negra y agua) relacionados con los cuatro elementos de la naturaleza (aire, fuego, tierra y agua). De esta relación se establecía que cuando alguien estaba de buen humor, era porque se encontraba en perfecto estado de salud”.

Carlos Latre (Grao, Castellón, 30 de enero de 1979) es actor; comunicador; observador; presentador; artista; cómico; doblador; productor, mentalista; showman; imitador; escapista; humorista; hijo; hermano; caricaturista tridimensional; padre y marido. Y hemos llegado hasta él porque además y sobre todo, este extraordinario profesional ama la gastronomía y es Amigo (porque hay amigos que se merecen la “A” mayúscula y él es uno de ellos) de amigos cocineros.

Hace cuatro semanas que vivimos ese encuentro y por muchas razones, Carlos viene y va en muchas conversaciones profesionales y personales que hemos mantenido desde entonces. Latre es todo menos alguien que puedas olvidar fácilmente.

Acaba de cumplir 40 años y su recorrido profesional en radio, televisión y teatro es tan apabullante que hizo que me replanteara la absurda misión de entrevistarle cuando lo que de verdad quería hacer era salir corriendo en dirección contraria y huir del objetivo que tengo ahora mismo delante, contar qué pasó el día que le conocimos.

Latre entró en un estudio de radio en 1996 y desde entonces mantiene una relación de amor eterno con las ondas. Hace apenas un mes presentó un nuevo formato de programa semanal, Surtido de ibéricos en Onda Cero.

Además, se coló en un rodaje de televisión en 1999, Xou Com Sou de TV3, y su carrera televisiva no se ha detenido desde entonces. Estos días se emiten en uno de los canales de mayor peso en Estados Unidos, la CBS, los capítulos que Carlos rodó hace unos meses en los que participa como experto internacional. Hablo de The World´s Best, el primer Talent Show Mundial presentado por James Corden en el que Latre acompaña a Drew Barrymore, RuPaul, Faith Hill y a otros 50 expertos de distintas disciplinas de 38 países. Allí lo dejo…

Pero sucede que el teatro también le llamaba, y después de codirigir, dirigir y conducir desde 2002 obras de teatro con los que recorre toda la península y reúne a una media de 350.000 espectadores (“Yes, We Spain is different” ), acaba de sentarse con su equipo de guionistas para empezar a dar forma a su quinta criatura teatral que, si todo va según lo previsto, lanzará a finales de año.

Confieso que desde que le conocí, observo el suceder de los días de una forma diferente. Nunca me había parado a pensar en el papel tan determinante del humor en una sociedad, y mucho menos en el sector en el que me muevo. Después de hablar con Carlos, empecé a investigar en Internet y no tardé en comprobar que el humor es una de las manifestaciones humanas más complejas, estudiadas y bellas que existe.

Es hora de regresar y de darle paso. Empiezo de nuevo, la segunda semana de febrero, pasamos cinco horas con Carlos Latre y con algunos de los personajes que habitan en él, compartiendo gildas y risas; risottos y recuerdos; calamares rellenos; chuletones; pimientos; experiencias; luces, sombras y humo; escenarios y emociones. Mientras Nagore y Rodri iban y venían – entrando y saliendo de escena en el momento preciso de un guión que nadie había escrito, aunque realmente lo pareciera – viajamos a la CBS para conocer su última aventura; regresamos a los camerinos de Crónicas Marcianas con Bea la Becaria, Boris, Carmen de Mairena y Dinio; pasamos por los estudios de Onda Cero y nos colocamos en el centro del escenario del Palau Sant Jordi para tratar de comprender lo que él siente cuando está delante de 18.000 personas.

– ¡18.000 personas! – Le repito la cifra, me pongo nerviosa solo de pensarlo ¿qué sucede cuando estás delante de 18.000 personas? – . “Lo mismo que cuando estás delante de 100, todo y nada”, responde “porque, por mucho que pase, al final nunca pasa nada”.

Le miro y pienso que no sé como empezar a subir esta montaña. Y pienso que quizás lo mejor sea ubicarnos en el presente, en el ahora mismo.

Estamos sentados con el primer actor, presentador, imitador, doblador, showman español que ha fichado la cadena CBS. Estos días ha empezado a emitirse en Estados Unidos The World´s Best, un programa de entretenimiento presentado por James Corden y en el que Carlos ha participado como experto invitado.

Y esto le está sucediendo a una persona que acaba de cumplir 40 años. Le observo y pienso que su trayectoria profesional es espectacular. Se lo digo y el me baja a la tierra en segundos. He vivido cada momento de mi carrera profesional desde el plano real, he trabajado duro para llegar hasta aquí, así que cuando te llama la CBS y te ficha, piensas que te está pasando a ti, llegas, lo vives, lo experimentas y lo normalizas, Y cuando acabas dices: “vale ya está, a otra cosa”.

“¿Y vosotros?, ¿qué tal con el portal?” Miro a mi compañero de fatigas y pienso que esto no está sucediendo. Le lancé una pregunta en formato CBS y me la devuelve transformada en Cocina Futuro, no he visto pasar la bola, me ha dejado descolocada al fondo de la pista, es rápido como el viento, huye de la adulación y de los reconocimientos. Pero a la vez no quiere parecer descortés y regresa. Estoy satisfecho, las cosas tienes que proyectarlas, primero dices: quiero llegar allí y luego pones todo de tu parte. Después llega la fase más importante: la de curro, curro y más curro. Y una vez que llegas a dónde quieres llegar, lo experimentas y lo vives, y ya está, vas a por la siguiente pantalla”.

 

El Principio

“Creo que tenía 6 años cuando descubrí el efecto transformador del humor en las personas”.

 

Quizás sea mejor empezar a escalar la montaña desde la base, así que le pregunto cómo empieza todo. Con el tiempo he comprendido que de pequeño fui un TDA de libro. Era un cabrón con pintas, hiperactivo, muy travieso, no podía estar quieto y no dejaba de recibir broncas. Cuando eres pequeño solo haces dos lecturas, solo existen dos reacciones a tu comportamiento: buenas o malas. Y yo solo recibía las segundas, sin llegar a comprender el porqué. Un día me di cuenta de que cuando imitaba a alguien o hacía una broma, las broncas se transformaban en risas, así que escogí el humor y la imitación para conseguir que no se enfadaran conmigo.”

Le confieso que he estado revisionando actuaciones suyas y que hay imitaciones de personajes que he llegado a sentir más que al propio personaje. Es que para mí lo más importante es captar el alma del personaje y luego tratar de reproducirla. No abordo la creación del personaje solo desde la técnica. Es importante el tono, la modulación, la gesticulación, la forma de andar, claro que sí. Pero si no comprendes y sientes de dónde viene todo eso, no puedes construir el personaje”.

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“El humor ejerce la crítica y es mordaz, no sólo es comprensivo, de acuerdo a la teoría particular de cada humorista sobre lo tierno y lo comprensivo, es cómico combativo”.

Pienso en el caso concreto de Ferrán Adrià. Cuando veo a Carlos imitando a Ferrán, descubro y siento la parte más humana y bonita de Adrià, es una especie de caricatura tridimensional que condensa todos los valores y sentimientos que encierra este genial cocinero.

Carlos le quita mérito a esa impresionante capacidad que tiene de meterse en las personas y radiografiarlas y sale de nuevo por la tangente afirmando que se resume “solo” en observar. Mi madre dice que nací con los ojos abiertos. Sea como sea, desde muy pequeño no he hecho otra cosa que observar. Además de memoria fotográfica, tengo visión periférica y eso creo que me ha ayudado”.

Le pido que me detalle lo de la visión periférica. Yo entro en un sitio, y en cuestión de segundos, he analizado cuantas personas hay; cómo son; cómo es el local; que energía tiene; por dónde entra la luz, cómo se relacionan las personas; quien ha entrado y ha salido de escena desde que llegué y qué va a pasar en función de la información que tengo. Tengo la capacidad de absorber toda esa información, de cruzarla y de deducir qué va a pasar.

– Entonces, ¿tú percibes como es una persona antes de conocerla? – le pregunto. Supongo que sí, capto la esencia, lo que transmite, lo que calla y lo que proyecta. Cuando me están vendiendo una moto, lo cazo al vuelo, actúo en consecuencia y me alejo. Pero si la persona me interesa, se activa todo, a mi lo que más me gusta es aprender, y para mi las personas son como libros, me gusta aprender a través de ellas”.

 

La Imitación

 

La imitación era algo innato en él. Empezó a practicarla para “sobrevivir” y dejar de recibir broncas, pero en cuanto llega a la edad adulta, empieza a desarrollarla. Yo me metía en un estudio de radio, tenía que imitar a alguien e inmediatamente, empezaba a contorsionarme y a transformarme exactamente en él. Mis compañeros de estudio no lo comprendían, nadie me iba a ver, pero para mí era absolutamente necesario. Me daba igual que mi audiencia fuera solo radiofónica, me metía en el personaje y lo daba todo, necesitaba ver al personaje desde dentro para interpretarlo”.

Para desarrollar la parte emocional de los personajes, Carlos estudió a fondo teatro clásico, profundizó en los textos clásicos, viajó a Estados Unidos y a Reino Unido para empaparse de obras teatrales clásicas y llegó a representar ‘Sueño de una noche de verano’, de Shakespeare, en Londres.

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“El alma se caracteriza por tener pasiones que luchan por liberarse, y tanto el humorismo como la comicidad tienen como misión purificar el alma por medio de la catarsis”.

“Cuando controlé el discurso emocional desde la cabeza, me enfrente al siguiente reto: El lenguaje corporal. Descubrí que mi cuerpo no me acompañaba, que no sabía expresarme corporalmente, Así que viajé de nuevo para solucionarlo, esta vez a Broadway, Nueva York. Estudie ballet para poder aportarle a cada personaje su correspondiente cadencia musical, y después, la pasión que había despertado en mí el estudio del movimiento, me llevo a profundizar en el método Lecoq”.

El aprendizaje para Carlos es casi como respirar, necesita seguir buscando y encontrando. Ahora mismo sigue estudiando clásico, canto lírico y en cuanto encuentre un hueco, se sumergirá en el mundo del flamenco.

 

“El teatro y la radio me dan la vida”

 

Realmente, mi relación con el teatro”, apunta, “surge después de mi bautizo televisivo. Yo había nacido en la televisión, quería desarrollar allí mi carrera, pero en un momento determinado, comprendí que la tele, tal y como está planteada aquí, nunca me daría lo que buscaba. Lo que yo necesitaba era subirme a un escenario y sentir a las personas que había al otro lado”.

 

Todo cambia, nada permanece

 

Es hora de subir con él al escenario. Hay obras que ha repetido durante años, Le preguntamos si es siempre el mismo guión. “Para nada, mis espectáculos están vivos, son cambiantes, nunca es lo mismo. Si tu vas a un río ¿es el mismo río cada día? La magia del teatro la crean los que están al otro lado del escenario. El público es el que escribe la obra cada vez que se levanta el telón. Hay días en los que no entran, parece que vienen pero no vienen, y entonces tienes que ponerte a remar, y cuesta mucho llegar hasta ellos”.

Se queda callado y se le ilumina la mirada. Y entonces sé, o siento, que está pensando en las esas otras veces. Regresa enseguida a escena para describirlo con palabras: Me ha sucedido solo cuatro o cinco veces en los 15 años que llevo subiéndome al escenario. Es algo casi místico. Es como si apareciera de repente una neblina, no sabes de dónde, que lo envuelve todo. Estás solo encima del escenario, no se oye una respiración. Sabes que el público está conectado, no les ves, pero les sientes, sientes que hay magia al otro lado, y entonces, de repente, sientes que todo fluye y que estás conectado con ellos y ellos contigo, y sientes que no quieres nada más”.

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Reconoce que el escenario es también un lugar que puede generar adicciones. Allí arriba tu ego se dispara y sufres el síndrome de Dios. Desaparece el miedo y las inseguridades y crees que no hay un sitio en dónde vayas a ser más feliz. Tiene mucho de droga si lo piensas. Es una buena terapia para enfrentarte a tus bloqueos, es el lugar en el que entablas una lucha contra ti porque sabes que puedes hacerlo mejor, siempre mejor y también es la situación en la que más te exiges a ti mismo.

“No todos los recuerdos son gratos”, reconoce, recuerdo una función hace un par de años en la que sufrí una especie de ataque de ansiedad, estaba muy tocado emocionalmente, con mi equipo con un ventolín en cada lado del escenario temiendo lo peor, me ahogaba, casi no podía respirar, sentía como un pinchazo en el corazón, pero continué, no podía hacer otra cosa, y entonces, de repente, la gente se puso en pie, y sentí que todo había merecido la pena”.

 Le pregunto cómo hace para que el público crea que todo va bien aunque no sea así porque Carlos refleja clara y nítidamente todo lo que siente y que nos ha contado hasta ahora . “Te debes al público. Llevo años construyendo una base muy sólida y muy elevada, y siempre pongo el listón muy alto para que el publico no sepa si estás bien o mal, el público solo te puede ver bien”, reflexiona.

“No obstante”, reconoce, aunque controlo todo, siempre dejo que fluyan las emociones. Y reconozco que además tengo un lado inconsciente a veces. No me importa que a veces no haya red, porque se que voy a saltar igual. Trabajo desde la emoción sincera, y creo que por eso, esté como esté, acabo llegando a la gente”.

 

Sonríe, es Gratis

 

“A ver”, reconoce, no siempre estás feliz o contento, pero te obligas a estar en un nivel que sabes que la gente compra, acepta y quiere. Me he acostumbrado tanto a lo que en un principio me sale cuando estoy en el escenario o en antena que es ya algo absolutamente natural y se ha convertido en una rutina para mi. No me sale ser borde ni contestar mal a nadie, aunque hay días que estás mal y lanzarías una bordería, igual que todos, no me nace, y además, pienso que nadie lo merece. Tengo una frase que me acompaña hace mucho tiempo y que suena en mi cabeza en esos momentos límite: “pase lo que pase, nunca pasa nada, por muy mal que estén las cosas”.

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He leído y sé que participa en acciones solidarias a menudo y le pregunto por esta faceta. No me considero especialmente solidario, solo hago lo que puedo hacer aprovechando mi visibilidad para ello, ¿cuánto me cuesta? ¿por qué no voy a hacerlo? Si pienso que tengo suerte, que he tenido una estrella y que hay gente que no, lo mínimo que puedo hacer es devolver algo. La gente somos egoístas y comodones por naturaleza, por eso hay que enseñar al cerebro a ser feliz. Piensa en positivo y al final serás positivo, hay que esforzarse y machacarse, pero si insistes, lo logras, y luego no puedes evitar compartirlo con los demás”.

 

Lecciones

 

Le pregunto por personas que le han marcado. Javier Sarda, por cómo ha vivido y defendido siempre los conceptos de fidelidad, de lealtad y de coherencia. Él me enseñó que la vida es un constante aprendizaje, me enseñó a caer y a levantarme. Sarda siempre ha potenciado a todas las personas que se acercaban para trabajar y aprender con él”.

“El productor Josep María Mainat es otra de las personas que me viene ahora que me preguntas”, asiente sonriendo y recordando que Mainat siempre le decía: Ante todo, pásatelo bien, intenta disfrutar de cada minuto, porque si disfrutas, la gente sabrá que lo estás pasando bien, y entonces ellos también lo pasarán bien. Empatizarás con la gente solo si ellos pueden sentir lo que tú sientes, pero si tú no lo sientes, ellos también lo acabarán notando”.

 

 

Construir Personajes

 

Mientras le escucho, mi cabeza se va llenando con algunas de las 600 criaturas que ha creado y que habitan en él: Julio Iglesias, Boris, Cayetana de Alba, Matías Prat, Rafael o Pedro Almodóvar, entre otras muchas. Le pregunto cómo es ese proceso de gestación. Algunos me cuestan años mientras que otros logro definirlos y pulirlos en apenas unos segundos. Lo que es cierto es que, lleguen cuando lleguen, a partir de allí les sigo retocando y voy añadiendo matices nuevos. Es como esa receta que nunca acabas de modificar porque sabes que siempre puedes mejorarla. Hace poco me encontré con Boris Izaguirre y al despedirnos, me di cuenta de que me faltaban matices que tenía que incorporar.

 

Solo delante de miles de personas

 

“A veces te sientes muy solo, me he subido al escenario y, delante de 5.000 personas, he sentido que no había nadie al otro lado. Todos pasamos épocas bajas, lo que pasa es que las personas que vivimos de nuestra imagen no podemos demostrarlo. Pero claro que las hay, épocas malas, en las que te sientes bloqueado e incomprendido.”

 

Coherencia

 

Lo más importante en la vida, reconoce poniéndose de repente serio, es ser coherente con uno mismo. Al final todo el mundo te va a juzgar, nuestro trabajo consiste en exponernos a diario, pero si tú sabes que eres coherente contigo mismo, entonces esas críticas no te afectarán nunca.

 

Amistad

 

Le pregunto ahora por cómo llegó Arima a su vida. “Un día me llevaron a Chuka, Rodri se asomó a la barra, me dijo, “el caso es que me suenas” y siguió cocinando. Luego me ofreció una sepia picante inolvidable y nos hicimos amigos. Y así hasta hoy. Reconozco que encuentro mucha gente de verdad en el mundo de la cocina, me siento muy cómodo entre ellos”.

 

Y Humor

 

La revolución digital, la democratización de la información y el control de la comunicación han hecho que nuestra percepción de la realidad cambie radicalmente. Le pregunto a Carlos por cómo ha vivido estos cambios de paradigma el humor. Vivimos en un mundo cada vez más prefabricado, basado en el control absoluto por el qué y por el cómo lo dices. Antes no había tanto control, los limites del humor no estaban tan marcados, antes no se presuponía que lo que decías me iba a herir antes de que lo dijeras, ahora sí. Hemos pasado de ser políticamente correctos pero decirlo a no decir nada por si acaso”.

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“El humor nunca es puro, siempre viene acompañado por la sátira, la ironía o ambas”.

“Es curioso”, confiesa, esa ola de puritanismo que vive el mundo no la encuentras en Estados unidos si hablas de humor. Siguen siendo absolutamente tolerantes en este aspecto, allí escuchas cosas por las que aquí te crucificarían. Creo que está relacionado con esa relación de amor absoluto que sienten por el show-business; por algo lo inventaron ellos.

Los americanos sienten pasión por el show, para ellos hasta hacer unas tortitas se puede convertir en un show, viven con pasión cada acto que les rodea y tienen una mentalidad positiva hacia todo lo que sucede a escala humana; les gusta caer porque así se levantan antes; extraen lecturas positivas de sus derrotas y creen en ellos. Serán más altos o bajos, más gordos o flacos, es lo de menos, sencillamente, creen en ellos, viven rodeados de héroes a los que admiran, y esos referentes les hacen sumar y seguir adelante”.

 

“Todo se basa en la piel”

 

Al final somos, antes que nada, humanos”, reconoce, vemos algo y enseguida decidimos si lo compramos o no lo compramos, las cosas nos entran por la piel. Los que nos subimos a un escenario, tenemos que hacerte sentir enseguida, llegar a tu interior cuanto antes. porque si no lo hacemos desde el principio, te perderemos y ya no podremos llegar”.

Y para llegar, Carlos cree que es imprescindible ser sincero. Si no hay verdad, el escenario se llena de humo, y a la gente no la enganchas con humo. La técnica y los likes pueden ayudar, pero si no hay una base, un fondo de verdad, no podrás llegar a las personas que tienes delante. Hay que ser verdad, si no, se acaba notando”.

Pienso en ese humo que aleja del que habla Carlos – y en lo frecuente que se está haciendo en nuestro sector muy a nuestro pesar – mientras él sigue llenándolo todo con anécdotas y experiencias positivas. Y apago la grabadora porque me parece que estoy perdiendo instantes personales muy valiosos. Seguimos hablando los cinco y cuando se va, la sala de Arima se queda en silencio y me parece más mágica y bella que nunca.

Cuando horas después escuché la grabadora, pensé que Carlos Latre volvía a demostrarme lo que sé hace tiempo: que solo a través del esfuerzo; de la exigencia; de la disciplina y de la verdad se pueden coronar las montañas más altas, incorporando a mi lista de básicos vitales un ingrediente que siempre ha estado allí aunque nunca se había manifestado hasta ahora: el humor.

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Pdta. El día que cerraba este texto, quise repasar en clave humorística algunas de las entrevistas y de los momentos compartidos en los 20 años de vida de Cocina Futuro y regresaron recuerdos imborrables con una misma banda sonora de fondo, las risas. Se abrieron paso enseguida imágenes fugaces en una taberna que ya no existe frente al Retiro con un dueto cómico entre Ángel León y Gaztelu al que a veces se sumaba Fernando Huidobro; sobremesas hilarantes con Francis Paniego; remates brillantes de Esther Manzano, José Antonio Campoviejo y de Marcos Moran cada vez que visitamos Asturias; la ironía sabia, fina y adictiva de Sacha; la maravillosa onda que recibes en cuanto entras en Fismuler; las risas llenas de bruma, pulpo y nostalgia gallega de Manuel Dominguez; el humor tierno, gamberro y sin palabras de Rodri; el socarrón y lleno de anécdotas backstage de Sergio Chefwear; el intelectual de Andoni Luis Aduriz; el artístico y musical de Diego Guerrero; el paternal y picantón de Juan Mari Arzak; el bonachón de Pedro Subijana; los guiños raperos de Edorta Lamo; las maravillosas carcajadas de Trifón; los rápidos guiños sutiles de Albert Adria; el humor elegante de Joan Roca; el versado y jocoso de Abraham García; el siciliano de Andrea Tumbarello, el clásico de Carlos Arguiñano; el cañero de Alberto Chicote; el chirigotero con toques zaharamadrileños de Laura López Campo y José Fuentes; el castizo irreverente de Javi Estévez mezclado con el amoroso de Sara Moreno; el mediterráneo luminoso y reivindicativo de Begoña Rodrigo; el delicado y susurrante de Ricard Camarena; el peruano del sonriente Omar Malpartida o el desternillante del siempre risueño Roberto Díaz.

Todos y muchos más – que ni cito ni olvido – , comparten, además de un amor infinito por la cocina, verdadera pasión por reír y por hacer reír, queriendo o sin querer, a los que les rodean. A ver si al final, lo que nos engancha a todas esas personas maravillosas que habitan en las cocinas, es, más allá del sabor, el humor que le ponen al plato y a la vida…

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