Matar o No Matar Al Rey – La Desaparición del Salmón Salvaje Asturiano (I parte)

Hoy se cierra la temporada de pesca del salmón salvaje en Asturias. Habíamos guardado las miradas de algunos pescadores y la de un cocinero y ha llegado la hora de ponerles voz. También es el momento de que sepáis si al final logramos encontrar ese huidizo salmón salvaje asturiano que hace dos meses nos hizo emprender un viaje insólito.

 

Atardecer en el Narcea

 

El sol está alto, aparcamos en una amplia explanada llena de vehículos, salimos del coche y nos dirigimos hacia la parte del río Narcea más próxima al puente de Quinzanas. Hemos quedado aquí con nuestro primer pescador. A la izquierda, un grupo de jóvenes sentados en sillas de camping rodeados de niños pequeños y de perros, miran hacia al río y de vez en cuando observan a un grupo de pescadores de avanzada edad que se arremolina en las dos orillas. Solo hay dos cañas en el río ahora mismo, una en cada lado. Mientras, sobre ese puente cargado de historias (porque todos los puentes las tienen) otro grupo de personas observa en silencio el río.

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Saludamos a Juan Antonio Lázaro (Gijón, 1969), gerente del Grupo de Desarrollo Rural Bajo Nalón y le pedimos que nos cuente que tenemos delante porque la actividad que nos rodea ahora mismo es frenética, pero no parece que dentro del río suceda lo mismo.

Puede que en este tramo de río haya ahora mismo 2 o, como mucho, 3 salmones. Esta mañana, entre 30 y 40 personas han acudido aquí a las 6 de la mañana para participar en un sorteo. A las 6.30 se ha sacado un número y a menos cuarto han empezado a pescar en turnos de media hora. Aquí pescan dos personas a la vez, una en cada orilla. Como habrás observado, el 99 % son jubilados locales, el salmón es un recurso de consumo interno: el 85 % lo pescan asturianos y el 15% restante gente de fuera”.

Le pregunto si es habitual que haya tan pocos salmones y me contenta que con la población de salmones que hay ahora mismo, si fuéramos sensatos, nuestros ríos deberían estar vedados todo el año. De hecho hay un río abierto hace tres semanas en el que no se ha visto todavía un solo salmón”.

 

Los Porqués

 

Juan habla de un problema multifactorial, las truchas se quedan en el río, así que repueblas el río y no hay ningún problema, pero ¿qué pasa con el salmón? Todo se complica desde el principio porque hablamos de una especie migratoria. Aunque tu controles y cuides tus ríos, estos salmones después de su primer año de vida inician un largo viaje, subirán más allá del Mar del Norte y pasarán dos o tres años fuera antes de regresar. En el camino de ida y de vuelta los atraparán los pescadores europeos que tienen licencia para pescar en el mar  y muchos otros serán engullidos por los cormoranes o las focas, una población que no deja de crecer. De cada 100 que nacen en nuestros ríos, no regresarán más de 2 o 3”.

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“Por si fuera poco”, añade luego llegamos nosotros y construimos presas como la que hay 50 kilómetros más arriba. Todos conocemos el círculo vital del salmón aquí. Siempre hemos sabido que nacen y pasan un año en el río, después se van al mar, hacen un viaje de miles de kilómetros, pasan allí de de uno a tres años – engordando dos kilos por año – y regresan a casa para cerrar su ciclo. El problema es que vuelven para desovar en la parte alta de los ríos – que es donde nacieron – y mira lo que hacemos: primero los taladramos con cañas para capturarlos y los que tienen la suerte de librarse deben superar muros infranqueables cuando están a punto de llegar a su destino”.

 

Nuevas Generaciones

 

Hablamos ahora de las nuevas generaciones y de su posible interés por este mundo. La comunidad que mueve la pesca aquí es de 2.000 a 3.000 personas, nos conocemos todos y por desgracia, no se detecta un relevo generacional. El número de licencias expedidas en los últimos años ha caído en picado y no está entrando gente joven. No creo que sea por un tema de precio porque con 25 euros, lo que cuesta la licencia aquí, puedes pescar en cinco Comunidades. No es eso, en Escocia han puesto en marcha un plan para incentivar a la gente joven, les han regalado licencias de cotos y se están animando. Pero aquí no lo veo, nuestra gente joven tiene una mentalidad distinta”.

 

Lugares más buscados

 

En cuanto a las preferencias de tramos de río de los pescadores, Juan cree que este es uno de los más singulares, el puente Quinzanas es como un templo para un pescador, su accesibilidad es única y el puente le da mucho juego. Muy cerca está el considerado por muchos como mejor coto del Sur de Europa, el de la Figal. Es el punto exacto en el que se juntan el Narcea y el Nalón, un coto de pesca sin muerte, probablemente el que más salmones da a lo largo del año aunque no se lleguen a contabilizar porque se pescan y se devuelven”.

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Experto en gestión de salmónidos, Juan cuenta que los ríos asturianos son una rareza natural porque, entre otros aspectos, tener los montes tan pegados no es nada habitual. Nuestros ríos no tienen curso alto, medio y bajo, tienen solo la parte de abajo y la de arriba, no tenemos ría ni estuario y eso hace que aquí los salmones lleguen y suban como postas hacia arriba. Además no tenemos muchos salmones, pero normalmente son de un peso considerable, en los últimos 10 años era frecuente encontrar ejemplares de entre 7 y 10 kilos. Muy a nuestro pesar, eso también está cambiando”.

Este apasionado pescador que pescó su primera trucha a los 14 años con su padre en el puerto de Gijón ha trabajado en proyectos de salmón por todo el arco atlántico. En Escandinavia, Inglaterra, Escocia, Francia Bélgica y Holanda cuentan las mismas historias que aquí, solo cambian los protagonistas, y sus sistemas de pesca muestran la mayor o menor sensibilidad ambiental que tiene cada uno”.

 

Globalización

 

El salmón”, confirma es un claro ejemplo de globalización, la cultura del salmón es transversal, inevitable y natural y se manifiesta de determinada manera en uno u otro sitio, reflejando la personalidad y la madurez de cada país”.

Además”, añade, este pez es el responsable directo del lugar en el que se ubicaron los grandes asentamientos prehistóricos de Asturias y de cómo fueron evolucionando. Todos ellos estaban ubicados cerca de ríos salmoneros. En las excavaciones de Tito Bustillo y en otros asentamientos se han encontrado restos de útiles tradicionales para pescarlo: fisgas, lanzas y restos de salmón y de trucha”.

 

Formas de pescar el salmón

 

Juan nos cuenta que el salmón se puede pescar de tres maneras: a cebo, a mosca y a cucharilla o lance. Cuando pescas a cucharilla empleas una especie de medalla que da vueltas y que imita a algo que molesta al pez. Cuando pescas a cebo, la caña es más larga y lo que haces es colocar el cebo delante del pez hasta que se aburre y pica. La tercera modalidad, a mosca, es para mí un arte. Se pesca en la superficie, vas lanzando la mosca una y otra vez y se la vas poniendo delante al salmón. Sé que vais a ver luego a Quique Berrocal, es uno de los mejores pescadores que conozco, ojalá tenga tiempo para mostraros como lanza. Para mí es la técnica más deportiva y bonita, la gente que pesca así es para captura y suelta, yo me incluyo en ese grupo”.

 

Vida o Muerte

 

Le pregunto ahora por los dos grupos que defienden la pesca del salmón desde dos enfoques distintos: la pesca con muerte y la pesca con vida. Cada uno es libre de hacer lo que quiera y elegir vida o muerte cuando pesque, siempre que esté dentro de la legalidad”. Yo pesqué en los últimos años cinco salmones, cuatro de ellos los llevé a casa porque estaba en otro río y el quinto se lo cedí a Quique para su proyecto de repoblación del Arca. Este año se han pescado en el Narcea hasta ayer 21 salmones y dos de ellos se cedieron a esta organización, es un 10%, no está mal para el poco tiempo que lleva funcionando”.

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Suena el móvil y nos avisan de que es hora de acudir a nuestra siguiente cita. Nos despedimos de Juan y de su mujer, les agradecemos que hayan compartido su tiempo y les dejamos disfrutando de este tramo de río hipnótico que sigue atrapando todas las miradas.

 

Salvando salmones con Quique Berrocal

 

El sol empieza a caer cuando llegamos a la piscifactoría de las Mestas de Quintana, Pravia, el mayor centro de producción de salmón salvaje del sur de Europa, para encontrarnos con nuestro segundo pescador, Quique Berrocal.

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Presidente de la Asociación Mestas del Narcea y Medalla de plata de Asturias 2018 por su proyecto Arca de repoblación de salmones mediante cesión de ejemplares capturados, Quique es además gestor de la piscifactoría que vamos a visitar.

Recorremos con él una alargada nave llena de balsas en las que se crían truchas y salmones que comen lo mismo en sus primeros meses de vida. “Estamos muy contentos con la acogida que está teniendo el proyecto”, reconoce, el primer año nos cedieron 7 salmones, el segundo 12, el tercero 17 y el año pasado casi doblamos con 35”.

En cada balsa, Quique nos indica que hay 25.000 crías desarrollándose a la misma temperatura que hay en los ríos. En unos meses serán devueltas a su hábitat natural para que empiece su ciclo real de vida.

En este momento” confirma, tenemos más truchas que salmones. Si tienes reproductores, tienes huevas, es así de sencillo. La Administración aporta unos ejemplares, este año concretamente 50 hembras y 35 machos de salmón, y nosotros con el proyecto del Arca que lanzamos hace cuatro años aportamos el resto y por ahora no tenemos límite. Ahora mismo el año pinta bien, hay más salmones que otros años. El año pasado nos habían traído solo un salmón en estas fechas y este año llevamos cuatro.

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Se trata de dos ejemplares de 4 kilos, uno de 5 y uno de 7 kilos.” Este último le hace especial ilusión, no solo porque un salmón de 7 kilos es sinceramente espectacular sino porque la persona que lo ha donado no es socio de las Mestas y es la primera vez que cede un ejemplar. Si él lo ha hecho, otros pueden venir detrás. En general, creo que todos los que estamos involucrados con nuestros ríos nos estamos dando cuenta de que si no hacemos algo, los salmones van a desaparecer”.

Los salmones que los pescadores ceden a esta organización permanecen en unas balsas circulares hasta diciembre, mes en el que se les somete a reproducción asistida y, una vez que han fecundado los huevos, se devuelven al río.

El año pasado, de los 300 salmones que se pescaron en el Narcea, 35 fueron cedidos al Arca, un 10% sobre el total. Quique reconoce que era un porcentaje impensable cuando empezaron con el proyecto hace cuatro años.

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Seguimos avanzando por las instalaciones y nos cuenta emocionado que el primer salmón cedido al Arca lo pescó él. Entrad en Youtube y lo veréis, grabamos todo el proceso desde que picó, la lucha hasta que se rindió, cómo lo sacamos del río, lo metimos en una bolsa de plástico llena de agua y de allí corriendo a la cuba”.

Reconoce que no siempre fue un pescador que defendiera la vida del salmón. Yo hace 10 años mataba todo lo que se me ponía a tiro en el río, los sacaba como fuera. Pero luego empezaron a desaparecer y la gente de mi entorno empezó a concienciarse. Creo que, con las cifras tan bajas de salmones que suben nuestros ríos ahora mismo, cada vez va a costar más matar un salmón. Cuando estás en el río y ves un ejemplar de 10 o 12 kilos y sabes todo lo que ha pasado para llegar hasta aquí, sientes verdadero dolor cuando ves como lo matan, yo prefiero no mirar, al final va en la conciencia de cada pescador”.

Sin embargo, se muestra muy esperanzando, las personas que han cedido un salmón aquí, me cuentan que ya no han podido volver a matar un salmón más, se conciencian de tal manera que no vuelven a planteárselo”.

 

Conduciendo una Uvi móvil 24 horas

 

Le preguntamos por su día a día y reconoce que su tranquilidad acaba cuando arranca la temporada y llega el primer salmón. Soy una especie de conductor de ambulancia. Esta mañana estuve pescando a primera hora, se me soltó un salmón cuando casi lo tenía, regresé a las 12 a casa y a las 13 me llamaron para ir a buscar un salmón. Media hora después llamaron para cedernos otro y tuve que pedir ayuda porque yo no llegaba. Mayo, junio y julio será así todos los días. Luego hay que cuidarlos hasta diciembre y en diciembre estaremos enfrascados con el tema del desove. Si lo pienso, creo que febrero es el único mes en el que estoy un poco tranquilo”.

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Quique reconoce que en todo esto hay algo de obsesión, el otro día no dormí, le vi a uno una pinta en la aleta, empecé a pensar que estaba enfermo y pasé toda la noche en vela mirando el teléfono. Tengo una aplicación con los vídeos de las balsas y les puedo ver en directo a todas horas. A veces me obsesiono y pienso que se van a morir todos, sé que estaré así hasta que los desove, así que hasta diciembre no tendré tranquilidad y a partir de ahora serán cada vez más salmones, con sus correspondientes preocupaciones”.

Le pregunto si recuerda su primera vez en el río y no tarda ni un segundo en contestar: Con cuatro años, pegado a mi padre mientras el tiraba. Sin embargo, tengo un hijo de 13, le llevé el otro día al río a las 6 de la mañana y a las 7 me pidió que le llevara de vuelta a casa. Reconozco que a mí siempre me ha gustado mucho el río. Antes iba al río y si podía matar 25 salmones los mataba, sin pensarlo, no me dolía nada, pero ahora soy incapaz”.

 

Salvar el Campanu

 

Quique pescó el Campanu en el Narcea hace cinco años, un año antes de que arrancara el proyecto del Arca. Le pregunto que sucedería si lo pescara de nuevo y confiesa que para evitar la tentación no salgo a pescar hasta que lo pesca otro. Si lo pescara tendría que matarlo, no se ganan todos los días 8.000 o 9.000 euros, por eso prefiero no vivir esa situación”.

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Le planteo ahora que sucedería si un pescador decidiera ceder al Arca el Campanu. Prefiero no pensarlo, sería dramático entregarlo vivo porque nos cargaríamos la tradición y la fiesta de Cornellana y todas las personas que viven de esa celebración – que son muchas – se verían afectadas. Creo que si cedieran el Campanu, todo el mundo se enfadaría con todo el mundo”.

 

Todo tiene que convivir

 

Quique cree que tendrá que haber siempre dos grupos. “Todo tiene que convivir, cada uno puede hacer lo que le permita la ley, y luego está el tema de las conciencias. Puedo entender que se sacrifique un salmón de 3 o 4 kilos pero no uno de 10 kilos, que tiene un papel relevante en la cadena. En el Narcea la pesca sin muerte está haciendo que suba el número de ejemplares y si luego nosotros salvamos un porcentaje de los que se iban a matar, es una aportación más. Pienso que quizás deberían premiar a los que pescan y devuelven, quitarles el tope de cuatro salmones por temporada y que pescaran y devolvieran sin límite”.

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Todo empezó, recuerda cuando cogí las riendas de esta sociedad en el 2012. Empecé a venir aquí a desovarlos, a tenerlos en mis manos y a preocuparme por lo que les pasaba. Al final, sientes una responsabilidad enorme por lo que les pueda pasar en el futuro y les coges tal cariño que a mí ahora me dices que mate un salmón y es como si me pidieras que matara al perro. Es así y estoy convencido de que igual que cambié yo, cambiará mucha gente”.

Esta vez es el móvil de él el que suena, y sí, parece que hay otro salmón que acaba de ser cedido, así que, le felicitamos por el proyecto tan ilusionante que está defendiendo con uñas y dientes y nos despedimos de él a toda velocidad antes de salir hacia nuestra tercera cita.

 

Con Kilo Tejada, el rey pescador

 

Finalmente, ha sucedido, la noche nos ha atrapado. Estamos en el centro de la histórica Pravia, sentados en una terraza con Kilo Tejada, un pescador veterano que ha renunciado a compromisos familiares sagrados para compartir con nosotros qué significa para él el mundo de los salmones.

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Kilo (Cornellana, 1935) lleva toda mi vida pescando. A los 14 años pescó su primer salmón en el Narcea, en la zona de donde venimos. Cuando era niño, su padre, que era el telegrafista del pueblo, cerraba la oficina y les llevaba a él y a sus hermanos a pescar truchas. Sacábamos para cenar todos los días, el río estaba lleno, no como ahora que no hay nada”, recuerda.

Me siento muy desilusionado con la pesca”, confiesa, “un barco hace 80 años no pescaba lo que se pesca ahora, la tecnología ha disparado las capturas. Y luego está el tema del cambio climático, que ha acabado de alterarlo todo. Antiguamente se levantaba la veda en febrero y pescábamos truchas, salmones y lo que fuera, sin límite y durante todo el año. Luego empezaron a venir menos desde el mar, a llegar cada vez más tarde y hace unos años empezaron a desaparecer los ejemplares de 8 a 10 kilos. ¡Y pensar que yo he pescado uno de 11,400 kilos!, todos eran enormes antes, reconozco que pesqué muchos salmones y que los maté todos. Pero eso acabó, los que no devuelvo al Arca porque no he podido localizar a Quique los suelto, sin dudarlo”.

Aún así”, añade, sigo pensando en positivo y creo que con una administración implicada y con proyectos como el del Arca podremos salvar el salmón, no quiero perder la esperanza”, reconoce mientras su mirada busca entre recuerdos esos tramos de río en los que ha pasado media vida  y que forman parte de su adn.

Le pregunto si de verdad ha cambiado tanto el tiempo aquí.No te haces una idea”, afirma,nosotros llevábamos madreñas de madera (zuecos típicos asturianos), las poníamos en octubre y no nos las quitábamos hasta mayo. Y si un día llovía, al siguiente llovía el doble. Eso ha cambiado radicalmente, ahora mismo llevamos dos meses en los que no recuerdo haberme puesto la capa de pescar”.

A Kilo, que hace años escogió la pesca de vida, siempre le ha gustado pescar el salmón con mosca. El salmón está en el fondo y tu pescas en la superficie. Los que eligen el cebo natural casi le obligan, aunque no tenga hambre, le provocan. Pero con la mosca es distinto, es como un juego, el azar juega un papel importante aquí. Tu lanzas y recoges, una y otra vez, y vas provocando situaciones”.

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Mientras le escucho, pienso que es imposible no emocionarse, es tanta la ilusión que transmite que sus palabras me han llevado a la orilla de un río y le estoy viendo  lanzar una y otra vez mientras el tiempo se ha detenido. Ahora toca hablar del salmón. Es diferente a cualquier otro pez, tiene una potencia inigualable, cuando le encuentras, se entabla una lucha auténtica entre los dos. Realmente, todo empieza después de que haya picado el anzuelo. Si estás en un sitio con corriente fuerte, puedes pasar tranquilamente media hora o más luchando con él antes de cazarlo. A veces sucede que te llega engañado a la orilla, pero eso es muy poco corriente. Lo normal es pasar de 15 a 20 minutos con la caña tensa, soltando y recogiendo, tienes un carrete con 150 metros de nylon, y una vez prendido, como tenga pozo por delante puede lanzarse a la carrera 60 metros en dirección contraria, como un sputnik. Cuando deja de correr, lo vuelves a subir hasta dónde estás tu y vuelve a tirar, hacía arriba, de frente, te pasa por el lado, y así hasta que se agota”.

Cuenta Kilo que cuando él estaba soltero, nadie devolvía salmones al río y que el concepto de pesca de vida no existía. Yo trabajaba en el salto y cuando regresábamos del trabajo, parábamos a pescar. Cuando me casé, recuerdo que compré la lavadora, la nevera y la televisión y la cocina de gas con lo que saqué pescando salmones. Piensa que en aquella época yo ganaba 3.000 pesetas de aquellas trabajando y aparte me daban 700 pesetas por cada salmón que pescaba. Con 8 o 10 al mes, sacaba dinero para cubrir cualquier gasto”.

Recuerda que se vivieron épocas muy buenas, incluso se organizaron unos Campeonatos Internacionales de pesca de mosca. Venía gente de Estados Unidos, de Inglaterra y de Francia, pescaban 15 o 20 salmones cada uno y había medallas para todos al final. El boom era tal que a Cornellana la llamaban Salmón City. Había tanto turismo que en época de pesca no había sitio para quedarse a dormir”.

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Era tal la afición”, añade que había médicos de Oviedo que dormían en Cornellana para poder ir a pescar de madrugada y acudir después a la consulta. Hoy tardas solo 20 minutos en llegar, pero en aquella época se tardaba hora y media. Algunos llegaban tarde a la consulta o directamente, no llegaban, era una locura. Luego, con el paso del tiempo, te das cuenta de que en una vida hay tiempo para vivir las aventuras que quieras”.

Le pregunto qué hace cuando pesca. A veces rezo, a veces hablo en alto, a veces me vienen ideas, pero sobre todo, estoy muy pendiente. Me gusta pescar a mosca y al ir tan en la superficie, los lances te exigen mucha atención, a veces lanzas a más de 30 metros, y luego está el momento en el que notas el peso, ves que la cola de rata empieza a meterse en el agua y entonces hay que aguantar para que el anzuelo se clave bien”.

Para él, pescar un salmón unas veces depende de llegar a tiempo y otras de tener suerte. Recuerdo que hubo un año en el que pesqué 23 salmones y al año siguiente no pesqué ninguno. Este año estoy un poco pesimista pero Quique me anima y me dice que están subiendo más. El año pasado hubo un temporal de lluvia en abril y hasta el 12 de mayo no pesqué nada. No sé si ha cambiado el tiempo o he cambiado yo, ahora solo voy a divertirme, recuerdo que el 31 de julio del año pasado pesqué un salmón pequeño, lo devolví, me bañé en el sitio que lo pesqué y disfruté como hacia tiempo que no lo hacía”.

Se ha hecho verdaderamente tarde y cuesta mucho despedirse de él, pero debemos dejarle marchar así que le lanzo una última pregunta, ¿Kilo, la última, de verdad, cuantos salmones crees que pescarás este año? Sonríe y sin pensarlo demasiado contesta: “ – 3 o 4, y todos irán al Arca, ya me ocuparé de conseguir esa secadera como sea para que cuando llegue Quique el salmón esté preparado.”

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Y se va, y con gran pesar le veo alejarse mientras pienso en todo lo que debemos a esa generación de luchadores y todo lo que perdemos cuando dejamos de escuchar a personas tan llenas de vivencias. No puede ser más de noche, pero queda una cita pendiente, alguien nos espera.

Continuará…

2 Comments
  1. Buena crónica. Mis padres fueron grandes pescadores de salmón. Incluso hay una foto en un bar de Cornellana de mi padre con un salmón de 14 Kg. Mi madre quedó medalla de bronce en ese concurso internacional de pesca a mosca del que habla el artículo. A mi no me gusta pescar pero pase mucho tiempo con ellos y con mi
    Marido en el río. Espero que sigáis con el Maravilloso Cares

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