El Inevitable Triunfo de la Gastronomía Popular

¿Se ha convertido la gastronomía española en rehén de la cultura “pop”?

 

Mire dónde mire, me asaltan titulares de gastronomía que arrancan con frases como: El mejor… , La mejor… , Dónde comer… , Qué comer… , Las 5… , Los 10… , Los 50… , Estas son las tendencias de… , El secreto para… , Lo que tienes que saber sobre… .

Los blogs gastronómicos están llenos de recetas contemporáneas inspiradas en las de la abueladietas de última hora creadas sobre la base de sabiduría popular y consejos nutricionales sospechosos que casi siempre huelen a pautas de marketing interesadas, sin origen ni fundamento científico alguno.

Instagram está plagada de fotografías de platos que ni los filtros son capaces de salvar, de vídeos en directo que proyectan un sinfín de experiencias “foodie” banales y una cantidad ingente deselfies” infumables aderezados por influencers gastronómicos autoproclamados y, con cada vez más frecuencia, hasta más de un cocinero “guay”. 

Por desgracia, las noticias de los diarios tampoco dejan mucho que desear. Difícil resulta, obviar tanto titular sobre la supuesta democratización de la gastronomía y de la alta cocina, sea a través de las hamburguesas, de los arroces o de los menús gastronómicos, que teóricamente agonizan ante la espera de una muerte anunciada. Tampoco es fácil hacer la vista gorda a la palabrería vacía que empieza circular sobre el redescubrimiento de las mujeres en la gastronomía, o ignorar todo lo que florece bajo el paraguas de esa novísima y todopoderosa palabra gastronómica que se ha puesto tan de moda este año: la sostenibilidad.

¿Y toda esta información insípida sobre la gastronomía que se nos cuela por las pantallas, esta siendo generada para qué? Será para los “foodies”, digo yo. Esas personas de a pie a las que les encanta comer y descubrir todo lo que rodea el mundo de la gastronomía española. Gente que forma una parte integral del colectivo que los sabios del marketing describen como, los nuevos consumidores gastronómicos.

Quizás sería más correcto no dejarlo caer solo a los pies de los “foodies” sino de hablar en términos más amplios, e incluir a todo aquella persona que pertenece a esas grandes masas de la sociedad moderna, catalogadas y bautizadas como los “Centennials” y los “Millennials”. Mucha gente al fin y al cabo. Dos grandes grupos de consumidores convenientemente homogéneos y clasificados, que según nos cuentan, forman parte de un colectivo con un enorme potencial de compra, y que están cada vez más “conectados”, “informados” y “sociales”.

No importa tanto el nombre que se les pone, como el hecho de que sean la suma de una horda formidable de clientes, de lectores y de audiencia potenciales. Consumidores al fin, supuestamente muy preocupados por la salud y más que afectados por una psicosis de la comida sin”: sin aditivos, sin grasas, sin azucares, sin sal, sin gluten y sin lactosa. Tampoco debe de caer en el olvido que son personas que exigen “autenticidad” a las marcas y “experiencias” sensoriales y “entretenimiento” envuelto en todo lo que consumen. Sobre todo, hoy por hoy y en cuanto a la gastronomía se refiere, conviene recordar que cualquier guiño hacia una dieta compatible con la salvación de la planeta, les puede influir favorablemente.

Sin embargo, no deja de ser curioso que, y siempre que el cúmulo de datos variopintos sobre los hábitos de consumo y economía en España sean ciertos, esa misma gente tiene cada vez menos tiempo para hacer la compra y aún menos si cabe, para cocinar. De la misma forma, parece ser que sí tienen tiempo de sobra para pasar más de dos horas diarias navegando por internet o estar conectadas a las redes sociales. Las mismas personas que, tal y como demuestra el crecimiento espectacular de empresas como Just Eat, Glovo o Deliveroo, piden cada vez más comida basura a domicilio para no perder ni un segundo de programas de televisión de máxima audiencia y “gastronómicos” como MasterChef y Pesadilla en la cocina.

Por otro lado y a la hora de salir, parece ser que la mayoría de estos consumidores, tan informados y exigentes, o no quieren o no pueden pagar lo que cuesta comer o cenar en un restaurante dónde la calidad de los productos, la buena cocina y un servicio impecable sean elevados. El que no puede, se hace con cualquier local de los nuevos grupos de restauración dónde los productos de quinta gama son el rey. Lugares que son muy bonitos y supuestamente baratos pero dónde la experiencia gastronómica, destaca por ser lo de menos. En el caso de los que sí pueden, casi siempre optan por restaurantes de moda dónde el ver y dejarse ver entre plato y plato o de copa en copa, tiene infinitamente más peso que la comida o la gastronomía en si. Pero ojo al dato, y quizás en cuanto a valores y prioridades de la vida nos referimos, tanto el “Millennial” que no puede como el “Centennial” que sí puede, llevará consigo al restaurante un Smartphone que le habrá costado un congo. Y no te quepa la menor duda, estarán igualmente dispuestos a compartir su experiencia “gastro” por las redes.

Viendo este panorama, va a ser verdad que cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño debe ser el esfuerzo mental a realizar para abducirla. Con el entretenimiento, lo popular y lo folletinesco, parece ser que todos somos capaces de ir llamando la atención a la gente, por no decir ganar las mentes y los corazones de muchos.

Ahora que ha llegado el verano tocará navegar entre una nueva avalancha de titulares “gastro-pop”, solo que ahora con una semántica más estival: Los mejores chiringuitos… , Los helados más sanos… , Las mejores playas para… , Dónde tomar los cócteles más refrescantes … , 5 gazpachos ecológicos que… , 10 terrazas para pasar las noches más… , Todo lo que necesitas saber para ganar la operación bikini… .

Aun así y a pesar de todo, me niego a aceptar la posibilidad de que la gastronomía española se esté convirtiendo en rehén de la cultura “pop”. Confío en la cocina, confío en la mesa, quien sabe, quizás algún día hasta vuelva a estar de moda la sobremesa. Sé que los productos, las recetas sencillas bien pensadas y las cocinas de las casas son cosas mágicas y auténticas, capaces de ofrecer un conjunto de experiencias sensoriales mucho más allá de un programa de televisión o de una cena a domicilio.

Séneca dijo: “no hagas juez de la vida a la opinión popular, sino a tu sola conciencia”. Tengo fe en la conciencia de los cocineros, de los empresarios, de las empresas, de los periodistas, y hasta en la de los propios consumidores. Tengo fe en que, poco a poco, con un mínimo esfuerzo y una gran dosis de sentido común, entre todos lograremos que la gastronomía española vuelva a formar parte de nuestra auténtica cultura, la de verdad, la única que merece trascender.

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