La Cerveza Belga en Femenino

Cuando apenas contaba cuatro años de edad, veía que mi papá y sus amigos bebían en jarras un líquido amarillo mientras que mamá lo hacía en copa pequeña. Cuando tenía sed y les pedía que me dejaran beber de sus jarras, ponían una cara rara y me decían “No, no y no, es una bebida “de mayores”, y en su lugar me daban un vaso con un líquido transparente que llamaban agua o un liquido blanco que sacaban de las vacas. Yo insistía e insistía, todos sabemos lo pesado que puede ser un niño cuando quiere algo, porque quería probar aquella “poción mágica” que les ponía tan contentos y parlanchines, pero la respuesta era siempre la misma: ¡Una Cerveza, No!

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Pasaron los años, me hice mayor, perdí la inocencia, entré el mundo de los adultos y me presentaron a la Cerveza, aquel refrescante liquido de color amarillo, con burbujas, espuma y personalidad propia. Cuando la probé, comprendí por qué mi papá siempre decía con voz muy seria “si hay cerveza, el agua es solo para uso externo”.

En aquellos años de crecimiento físico y metafísico me surgieron muchas preguntas. ¿Por qué las mujeres beben en copas pequeñas? ¿No les gusta la cerveza y prefieren vino? ¿Es una bebida de hombres? ¿Engorda? ¿Las cervezas más suaves y afrutadas son las preferidas de las mujeres?… ¡Cuántas preguntas! Preguntas que tuvieron respuestas cuando comencé a elaborar cerveza en el garaje de casa.

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Sé que la cerveza se bebe fría, que no helada, por eso yo prefiero servirme menos cantidad y hacerlo más  veces: no hay nada más triste que una cerveza caliente en la barra de un bar. La cerveza es una bebida nutritiva, con una ligera graduación alcohólica y, además, diurética; creo que es por esto por lo que a las mujeres no les gustan las jarras grandes, ellas beben más despacio y se calentaría en un contenedor tan grande.

Además, no quieren visitar “las toilettes”; recuerdo que mi madre aguantaba como una jabata con tal de no ir a los servicios de los bares y cuando lo hacía iba murmurando: “Claro, como los hombres lo tienen tan fácil…”

A la pregunta de si es una bebida de hombres solo puedo decir que NO, rotundamente NO. A las mujeres y a los hombres les gustan las cervezas suaves, amargas, rubias, negras, tostadas o afrutadas, todo depende del compañero de viaje: no es lo mismo tomar una birra con queso, con chocolate o con pipas.

El origen de la cerveza se pierde en la noche de los tiempos. Los primeros datos escritos que encontramos datan de los sumerios. Parece ser, según cuenta la leyenda, que todo es obra de la casualidad y comenzó cuando a una despistada cocinera o cocinero  se le olvidó una hogaza de pan en un barreño con agua; el pan mojado fue un manjar para las levaduras que pululaban en el ambiente y comenzaron una fermentación espontánea. Pasaron los días y ocurrió el milagro. “Eureka. ¡Qué bueno está!” debieron de gritar cuando lo probaron: había nacido la cerveza. Pronto aprendieron a darle sabor añadiendo ciertas hierbas del campo como el romero o el tomillo, y a mejorar el proceso.

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Las sacerdotisas del templo de la diosa sumeria Ninkasi (diosa de la cerveza y bebidas productoras de sueños etílicos) elaboraban cerveza que ofrecían a la diosa. Producir cerveza se convirtió en una tarea más de las labores de la casa. Llamaron sikaru  a este preciado  líquido sano y saludable elaborado sin lúpulo y con pan de cebada,  que podían beber en vez de las aguas contaminadas tan abundantes en aquella época.

Para producir cerveza necesitamos malta (cereal germinado y tostado), agua, lúpulo y las levaduras responsables de la fermentación. Si tenemos en cuenta la cantidad de combinaciones que podemos hacer entre el grado de tostado y temperatura de las maltas, los tipos de agua, la variedad de lúpulos y levaduras nos saldría un número enorme de posibilidades. Está claro que podemos encontrar cientos de cervezas en el mercado y miles si contamos las artesanales, en muchos casos con una producción muy corta que no suelen entrar en los grandes circuitos comerciales.

Sin duda alguna, el paraíso para los cerveceros está en Bélgica, un país con una larga tradición cervecera donde la calidad y variedad van de la mano. En la Baja Edad Media los cerveceros empezaron a utilizar las amargas flores secas de lúpulo que no solo equilibraba la fermentación sino que además actuaba como conservante.

La planta lúpulo –Humulus lupulus– es prima hermana del cáñamo, las dos pertenecen a la familia de las cannabáceas: una planta trepadora con delicadas flores que se emplean en la elaboración de la cerveza y como planta medicinal (inductor del sueño y sedante).

En la región de Flandes los maestros cerveceros utilizaban el  gruutgruyt en inglés,  (conjunto de hierbas aromáticas de la zona) para equilibrar el producto de la fermentación y darle sabor, hasta que en el siglo XIV el emperador Carlos IV promulgó un decreto de obligado cumplimiento (Novus Modus Fermentandi Cervisiam) con el fin de estandarizar y mejorar el método empleando el lúpulo, que además de dar sabor es un conservante que permite alargar la vida de las cervezas.

En las regiones de Flandes que no estaban bajo la influencia germana (al oeste del rio Escalda) seguían utilizando gruut, pero poco a poco fue sustituido por el lúpulo. En esta época existían en Flandes los famosos beaterios; era la época de las cruzadas y muchas mujeres se quedaron solas, mujeres que no querían entrar en un convento pero sí querían mantener una vida con cierta espiritualidad y estabilidad: eran las beguinas, mujeres que vivían en comunidades aisladas donde elaboraban, diariamente, cerveza para la comunidad. 

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Tampoco podemos olvidarnos del gran Emperador Carlos I de España y V de Alemania, gran degustador y bebedor de la cerveza local de Malinas, que a su regreso a España para su retiro definitivo en el Monasterio de Yuste se trajo a su maestro cervecero, el flamenco Enrique van der Duysen.

Hasta ahora hemos hablado de mujeres que elaboraban cerveza de una manera “casi” anónima. Con la llegada del siglo XXI  la irrupción de la mujer en el mundo cervecero es imparable. Maestras cerveceras que en algunos casos están recuperando los métodos medievales

En la cervecería Gruut de Gante, su responsable, Annick De Splenter, elabora y ofrece  cinco variedades: blanca, rubia, ámbar, tostada e infierno con distintos grado de tostados, hierbas y graduación alcohólica. 

Otro ejemplo es Anne De Ryck, cuarta generación  en la dirección de la cervecera  De Ryck, fundada en 1886. Anne ha cambiado el fondo y la forma a la hora de elaborar nuevas cervezas y abrir las puertas a productos asociados como el paté de cerveza, el queso de cerveza, o los bombones y mermelada de cerveza. Y todo esto mientras ya está calentando en el banquillo la quinta generación, los hijos de Anne. Si ocurre como en el mundo del “toreo” donde no hay “quinto malo” podremos esperar grandes cosas.

Sofie Vanrafeldhem no solo es una experta sommelier de cervezas, sino también diseñadora de cervezas, escritora, buscadora de recetas y productos que armonicen con los diferentes tipos de cerveza y asesora de la cervecera Het Anker. Mientras la visitábamos, esta excelente comunicadora compartió con nosotros la pasión que siente por esta bebida, sus propiedades beneficiosas y los soportes más adecuados para degustarla según la variedad que hayamos escogido.

Para seguir leyendo te invitamos a entrar en el número 136 de la revista.

Texto y Fotografías: Tayo Acuña

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