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Articulo publicado el 29 mar 2012, en la categoria Artículos.

Las fragancias de mi te

Las hojas del té provienen de una planta asiática, Camellia sinensis, con las que, primero en China, y luego en casi todos los países asiáticos, se preparan infusiones desde tiempos remotos. Estas infusiones también se perfuman con otros ingredientes aromáticos, costumbre que hemos heredado los europeos a través de los países que poco a poco han ido extendiendo el hábito de tomar esta bebida estimulante. En nuestro país, más amante del café y del chocolate, siempre ha habido grupos minoritarios que mimaban el rito de prepararlo en su casa.

Yo recuerdo que en mi infancia era costumbre en Madrid ir con una damajuana, como hacía mi abuela, a una fuente que estaba en la Calle de Alcalá, junto a la plaza de Cibeles -ya clausurada- a buscar el agua para el té porque, se decía, era muy pura. Pocos saben ya que el Paseo del Arroyo de la Fuente Castellana es lo que hoy conocemos como Paseo de la Castellana, y la fuente, la de mi abuela.

Gracias a la influencia de los primeros europeos que conocieron el té en Asia, los portugueses en primer lugar -que aún lo llaman con el término chino, chá- y los británicos más tarde, como también de los pueblos que mantuvieron las caravanas entre Oriente y Occidente durante siglos, nos gusta en nuestro continente el té con olores exóticos como el de la bergamota, el jazmín y hasta el humo.

En toda Asia se perfuman los tés con muchas especias, plantas y flores, distintas según los climas de cada país. A mí me encanta el té con fragancias muy intensas, hasta picantes, como en algunas zonas de la India y países limítrofes, pero en infusión en agua, no en leche, como les gusta en la región, aunque luego le añada un poco de leche.

La base de estas mezclas es casi siempre, y por este orden en cuanto a cantidad a añadir, cardamomo verde, clavo y canela de la China -Cinnamomun cassia, que se puede sustituir por la canela de Ceilán, Cinnamomun zeylanicum- la más extendida en nuestro país.

A estos tres aromas es posible adicionar jengibre seco y pimienta negra, porque dan una escala de picantes de distintos tonos; semillas de hinojo y anís estrellado, que suman una nota anisada intensa; granos de cilantro por su acento un poco ácido; regalíz por su matiz balsámico cortante y de madera; capullos o pétalos de rosa olorosa o de jazmín, incluso de espliego o de azahar, por la fastuosidad de sus aromas; arilos de nuez moscada, que dan toques cálidos y ácidos al tiempo.

Yo tengo mis propios gustos en estas mezclas. Hago experimentos de vez en cuando- reconozco sin complejos que también soy consumidora de los preparados de té de especias en bolsitas- pero siempre llego a la misma conclusión. Prefiero por encima de las demás dos mezclas. Y lo hago así.

En un buen establecimiento elijo unos 50 g como mucho –los aromas se pierden con rapidez- de un tipo de té negro de la India sin aromatizar. Luego, para el primer té –perfumado, intenso y picante- combino unos cardamomos verdes, unos pocos clavos, un trozo de canela de China, unas bolas de pimienta y un pedacito de jengibre seco o un pellizco de jengibre molido.

Para el segundo -floral, dulce y picante, con recuerdos de las mezclas de especias para la cocina del norte de África- combino unos cuantos capullos de rosa olorosa con clavo, un poco de pimienta y una pizca de canela. Aplasto para trocear, sin llegar a machacar del todo, los granos, flores y cortezas y los revuelvo bien con el té.

www.rosatovar.net

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