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Articulo publicado el 11 jul 2014, en la categoria Actualidad, Editorial, Estética gastronómica, Nuevo número.

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[nº 134] ¿Cuánto vale?

Si leéis este editorial es porque, desafiando consejos, previsiones de facturación y números que impiden dormir por la noche, seguimos siendo papel.

¿Que por qué?

Por mil razones, entre otras porque creemos que hay historias que viajan mejor en un soporte que se puede oler, tocar, acariciar, ensuciar, mojar, subrayar, doblar, guardar… Verbos que no conjugan con los iPad ni con esa red infinita en la que todos nos movemos a mil por hora.

He aquí la portada del 134

He aquí la portada del 134…

Hay sitio para todos y seguimos apostando por un soporte en el que la prisa se detiene, en donde se puede discutir sobre la magia de la porcelana, la ‘trazacalidad’ o la pesca sostenible sin imponer ni resumirlo todo en dos o cuatro tristes palabras abreviadas.

El avance vertiginoso de las tecnologías ha provocado que nuestra vida transcurra en escenarios de dimensiones irreales. Mientras el mundo es cada vez más pequeño y apenas existen lugares que nadie haya visitado alguna vez, las personas que nos rodean se han transformado en seres que viven en galaxias lejanas.

Cada día, con gestos rutinarios, nos vestimos y llenamos nuestros bolsillos, muñecas y bolsos con móviles llenos de mensajes de amigos que viven a 8.000 kilómetros; tabletas con toda la prensa especializada internacional que nunca pudimos imaginar; pulseras que miden el sueño, el nivel de estrés, los índices glucémicos o el grado de contaminación por metro cuadrado… Y salimos a la calle, preparados para comernos el mundo.

Cargados con estas apps (aplicaciones) que son todo menos gratis y mucho menos baratas, entramos en bares y restaurantes y empezamos a dar trabajo a esos medidores de salud.

Queremos estar sanos, pero escogemos el café, el vino, la tostada o el menú más barato. Queremos estar en forma y a la vez cuestionamos platos que valen precios reales. Queremos que nuestro nivel de colesterol sea el adecuado, pero nos tomamos el plato más barato y que más transformaciones ha sufrido.

Mientras las tiendas de teleoperadores se llenan de personas que entran angustiadas porque llevan 10 minutos sin Internet o sin recibir whatsapps -y no van a poner ninguna pega ante una factura que les devuelva a la vida en la red-, los restaurantes de cocina tradicional, los colmados, los antiguos ultramarinos y muchas tiendas gourmet languidecen y van desapareciendo.

A la misma velocidad que se reduce nuestro interés por recibir respuestas que ocupen más de una palabra, aumenta el desinterés por conocer el mundo que nos rodea. Cada vez preguntamos menos porque cada vez nos da más igual lo que nos respondan.

En este entorno hostil para los curiosos por naturaleza, una sola pregunta domina el discurso: ¿Cuánto vale?

Leo y oigo cada vez más noticias en donde el punto de partida y el final es el precio. ¿Es realmente lo primero que nos preguntamos? Cuánto vale esto o aquello, una cifra y cuatro datos más de relleno que justifican ese número que siempre nos parecerá caro o barato, contemos lo que contemos.

Como apenas hay tiempo para leer, los medios se llenan de listas de datos que se digieren rápido y que dan respuestas que distorsionan casi todo. Revistas, blogs y portales exhiben ránkings irreales e ilógicos.

Listas de vinos por menos de 5 euros en donde se mezclan unas bodegas con volúmenes de producción de cientos de miles de botellas con otras que elaboran sus vinos de forma artesanal y que sacrifican cualquier margen de beneficio con tal de aparecer; ofertas con descuentos salvajes para comer en restaurantes de alta gastronomía con una sola intención: contarlo después…

No hablaremos de precios en este número.

Los hemos sustituido por proyectos efímeros como el de un valiente cocinero portugués, un concurso asturiano de tapas ejemplar, un viaje al templo de las brasas, un recorrido por unas salinas o por tres propuestas de alumnos que siguen empleando partes del cuerpo para crear soportes de porcelana, historias que no tienen precio, como casi todo lo que vale la pena.

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