Reciclad reciclad malditos

Desde que escuché hace un par de meses a Carlos Martí, periodista especializado en Medio Ambiente y Sostenibilidad, hablar sobre reciclaje en una charla ofrecida en la oficina central de servicios de Makro en Madrid, mi visión sobre el reciclaje en las ciudades ha cambiado radicalmente.

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Reconozco que nunca me ha costado reciclar, por una razón muy sencilla, siempre lo he visto en mi casa. Tengo ejemplos, quizás algo extremos, que narraré encantada en otro momento, porque no creo que sea muy común tener una madre que diseñó hace ya muchos años una pequeña y sofisticada unidad de reciclaje en la terraza de su cocina con entre 8 y 10 mini contenedores con las siguientes categorías: gallinas; conejos; perros; loros; búhos (duró muy poco); papel; aceite; vidrio; plástico; tapones y una última opción denominada “varios”, en la que nunca me aclara qué hay que depositar. Lo más curioso es que en mi casa, oficialmente, nunca jamás ha habido animales. En fin, ya digo, este caso concreto y el infinito círculo de amistades de mi madre lo analizaremos detenidamente en otro momento.

Volviendo a esta jungla ruidosa y perturbadora llena de cada vez más edificios y menos (aparentemente) coches en la que se ha convertido Madrid, los ecodiseños y los espacios para reciclar se van a ir abriendo paso de forma cada vez más urgente.

Lo harán forzosamente, porque seguiremos llegando desde todas partes a las ciudades. Como dicen ahora, “es una tendencia que ha llegado para quedarse” y lo seguiremos haciendo ininterrumpidamente. Y en 2050, cuando en vez de 7.000 millones seamos 11.000 millones de personas, el 70 por ciento de ellas vivirán en esas mismas ciudades que hoy tratan de dar respuestas y seguir el ritmo voraz de consumo que les estamos obligando a gestionar.

Martí, director de la revista Ciudad Sostenible y responsable de la Agencia de Comunicación especializada en Medio Ambiente ICS visitó las instalaciones de Makro a finales de noviembre para participar en unas jornadas de sostenibilidad; dar a conocer a sus empleados distintas estrategias de sostenibilidad y visitar los nuevos espacios de reciclaje que la marca acababa de instalar en el edificio para mejorar la gestión de residuos de los 350 empleados que ocupan cada día este gran edificio de cuatro plantas.

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“Se han incorporado módulos para reciclar orgánico (marrón), restos (naranja), plástico (amarillo) y papel (azul) en todas las plantas”, confirmó antes de la presentación Marta Pérez Postigo, Directora de Comunicación Corporativa y RSC de Makro. “Retiramos las papeleras de cada uno de los puestos de trabajo, con el objetivo de reducir residuos plásticos (cada papelera iba con una bolsa de plástico); permitir que el personal de limpieza desarrollara otras tareas y generar el hábito entre los empleados de levantarse de sus puestos y no estar así, tanto tiempo sentados y sin moverse”.

 

Mi primer marrón

 

Fue entonces cuando vi mi primer contenedor marrón, destinado a recoger los residuos orgánicos, un formato que no tardaremos en ver por las calles de muchas ciudades este año. Me alegró saber que empezamos a tomar medidas en las ciudades para combatir el residuo orgánico, que equivale al 40% de los desechos que generamos en nuestros hogares.

Entre los muchos datos que Carlos fue desgranando en su breve intervención, hubo momentos de alegría, como cuando nos enteramos que reciclando papel somos uno de los países europeos con mejor puntuación. Desgraciadamente, también somos de los que más basura llevamos al vertedero, la opción menos recomendable según la Unión Europea, que apuesta por el reciclaje y la incineración como formulas más adecuadas para combatir los desperdicios.

 

Qué es el reciclaje

 

“Todo el mundo habla de reciclar, parece que se ha puesto de moda”, confirmó Carlos, “por eso es importante aclarar conceptos y contextualizar antes de nada. Cuando hablamos de reciclaje, hablamos de proteger nuestro medio ambiente y de proteger nuestro planeta. Si os preguntáis si reciclando una sola lata podéis salvar el planeta, mi respuesta es que sí, es así como tenéis que abordar la gestión de vuestros residuos”.

 

“La ciudad es un sistema imperfecto en su relación con el medio ambiente”

 

Para este periodista especializado en sostenibilidad, es fundamental observar el contexto a nivel mundial: “La población crece ahora mismo muy deprisa, somos más de 7.000 millones y en el 2050 rozaremos los 11.000. Pensad que en 1950 éramos “solo” 2.000 millones. A partir de 1970 el consumo se acelera, el mundo se urbaniza y el gasto de agua y energía se dispara. Tenemos ante nosotros un gran reto, las ciudades doblarán su tamaño para acoger a todos los que vienen, hablamos del 70% de la población mundial en 2050, cuando paradójicamente, son las ciudades las que emiten más gases efecto invernadero y las que más materia, energía y alimentos consumen”.

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Martí afirmó que estos índices de crecimiento y de consumo son los que han provocado un cambio global, estamos en un momento crítico, de transición y de inflexión. El pasado 1 de agosto en España llegamos al límite de lo que nos podemos gastar en un año y empezamos a comernos los recursos del año siguiente. Los recursos son cada vez más limitados, y la Unión Europea empezará a sancionarnos por no cumplir con los protocolos alcanzados en París en 2015 muy pronto”.

A continuación abordó por encima la crisis ambiental, la perdida de biodiversidad, la extinción de especies, la deforestación y la degradación progresiva del medio ambiente para cerrar con un dato ciertamente inquietante: “El 90 por ciento de europeos respiramos aire contaminado”.

 

Qué pasa con los residuos

 

Los residuos emiten un 5% de los gases invernadero”, añadió Carlos, “es cierto que es un porcentaje pequeño, pero se puede y debe reducir. Por un lado, los vertederos a cielo abierto no controlado generan metano que se va a la atmosfera. No ocurre en el de Valdemingomez en Madrid porque hay unos biodigestores que lo absorben y lo transforman en energía, pero es un excepción. Este tipo de vertederos son los responsables directos de esas enormes masas de plástico que flotan sobre el mar y que ya nos hemos acostumbrado a ver en la pantalla”.

 

Porcentajes desiguales

 

En España empezamos a reciclar papel hace 50 años, por eso ahora mismo estamos reciclando el 81% del papel y cartón que empleamos. Con el vidrio y con el plástico empezamos más tarde, en los 90, así que los porcentajes más bajos también tienen su lógica. Y con el orgánico, como si dijéramos, acabamos de empezar, lo importante es mantener la tendencia”, explicó.

 

El famoso punto verde

 

Para Martí el sistema de reciclaje está sólidamente implantado en España. En los 90 el Gobierno dictó una ley para obligar a las empresas que generaran envases a gestionar su recogida. Nacieron así los sistemas integrados de gestión que reciben dinero de empresas para llevar a cabo ese reciclaje, es el llamado punto verde que veis en latas y en botellas, gestionado por Ecoembes o Ecovidrio. Pero el punto verde no se queda allí. En España se recicla todo, no solo el cubo de la basura. Cuando cambias un neumático o el aceite de coche, pagas una tasa de reciclaje, aunque no van por contenedor, en este caso la recogida es distinta”.

 

Excepciones

 

Descubrí sorprendida que el desecho textil no tiene punto verde todavía. Parece inconcebible, pero hoy por hoy, las empresas textiles no están obligadas a pagar tasas para organizar recogidas. Y digo que me parece inconcebible por el elevado número de ropa barata que compramos de forma irreflexiva para no ponernos o para hacerlo una sola vez El textil es uno de los productos más contaminantes que existe. En China hay ríos que cada año tienen el color que estará más de moda esa temporada, a veces rosa, a veces morado”, añadió Carlos.

 

Pago por generación

 

Para cerrar su intervención, Carlos nos habló de la economía circular y de medidas concretas que nos ayudarán a reciclar mejor y a hacer un consumo más responsable.En Bélgica hace tiempo que pagan sus impuestos de recogida en función de los residuos que generan, Cuanto más reciclan, menos basura generan y menos pagan”.

Antes de irse, en el turno de preguntas le asaltamos con las mil dudas que nos generaban las chinchetas, el celo, las toallitas, las pajitas, los vasos de las máquinas de café, las muñecas de plástico, las cremas, el poliespan, los bastoncillos y todos esos objetos que nos rodean. Uno a uno, fue “colocando” cada objeto en su correspondiente contenedor.

 

Los dichosos bastoncillos

 

Según el I Estudio de hábitos de cuidado auditivo 2017, elaborado por GAES, El uso de bastoncillos es el método para limpiar los oídos más extendido entre la población. Casi la mitad de los españoles, un 47% concretamente, utiliza bastoncillos de forma regular para limpiar el pabellón auditivo. Además, el mismo estudio demuestra que las personas jóvenes y las mujeres son quienes más emplean este método.

Esta práctica puede producir una lesión del tímpano, una perforación e incluso en raras ocasiones una lesión en la cadena de huesecillos del oído medio. Asimismo, también puede llegar a provocar lesiones en la piel del conducto auditivo, como pequeñas heridas.

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El uso de bastoncillos no solo supone un riesgo para la salud auditiva. La presencia de estos y de otros accesorios para la higiene personal, como las toallitas, se ha convertido en una seria amenaza para el medio ambiente. Los bastoncillos son una de las 10 categorías de objetos que más contaminan el mar y cada año 1,5 millones de animales marinos mueren después de ingerir este tipo de plástico.

Antes de marcharnos, apuré el café que acababa de sacar de la maquina, miré el vaso y pensé que llevo mucho tiempo haciendo mal ese último gesto, porque siempre lo he tirado al contenedor de papel. Desde aquel día, cuando me tomo un café de máquina, trato de buscar un contenedor amarillo para abrir ese circulo que permitirá que una parte de él tenga una segunda vida, y la otra, regrese al lugar de dónde vino. Ya sé que es un pequeño gesto, pero si consigo que tú también lo hagas a partir de ahora después de leerme, seremos dos. Si, ya sé que yo sola no puedo salvar el mundo, pero juntos, quizás tengamos alguna oportunidad.

Pdta. Aquel día también aprendí que lo que mi madre lleva practicando toda la vida con su sistema artesanal de recogida, es ese famoso modelo de economía circular que enseñan hoy a los más pequeños en el colegio. Cualquier tiempo pasado no fue mejor, pero si hubo veces en las que nos dieron mil vueltas, reciclando, sin ir más lejos.

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