Recién aterrizado en Bogotá, he tenido la oportunidad de acercarme a la inauguración de la vigésima primera edición de Alimentarte Food Festival, una de las ferias gastronómicas populares más significativas de Colombia, que figura entre los eventos más importantes dentro de la red de eventos gastronómicos de Latinoamérica.

El encuentro se celebró durante los dos últimos fines de semana de agosto dentro del emblemático Parque El Country, que pertenece a la acomodada localidad de Usaquén, situada al noreste de la ciudad.
Tras 20 exitosas ediciones, los organizadores lograron mantener el listón muy alto, ofreciendo a las más de 42.000 personas que asistieron, un amplio cartel de propuestas gastronómicas y actividades de ocio. El festival brindó al publico un maravilloso ejemplo de la gran diversidad multicultural que hay dentro del mundo de la gastronomía colombiana, algo que no me habían dejado de repetir todas las personas colombianas con las que he tenido la suerte de cruzarme en España.
Ambiciosa hoja de ruta
Gracias a la participación de 90 restaurantes locales, las representaciones culinarias de 50 jóvenes emprendedores del sector, el emplazamiento de un mercado de productos sostenibles provenientes de la región amazónica colombiana y las propuestas artesanales de 40 productores locales pertenecientes al programa Hecho en Bogotá, pude comprobar que la comida colombiana no solo es muy rica en variedad, sabores y colores sino que además, está llena de identidad geográfica, histórica y cultural.

A lo largo de los cinco días que duró el evento, Alimentarte se convirtió en un enorme escenario por el que desfilaron una gran variedad de estilos de cocina, tanto colombianos como internacionales y de otros países de América del Sur.
Hubo un sinfín de platos y tipos de comida disponibles para degustar, pero los que más me llamaron la atención fueron los que suelen protagonizar las recetas más típicas del país, hasta el momento totalmente desconocidas para mi: las arepas de choclo; la sopa ajiaco; el mondongo; la fritanga; la lechona; la ternera a la llanera y los merengones entre tantos otros. Propuestas que sin duda, están conectadas con los pilares fundamentales de la identidad gastronómica colombiana.
Lo que Diálogos de Cocina une …
Mientras paseaba por algunos de los 150 expositores invitados, tuve un breve reencuentro con Harry Sasson, uno de los cocineros mas reconocidos de Colombia, que tuve la suerte de conocer en julio de 2017 en Diálogos de Cocina. Fue verle y viajar directo a la inolvidable mesa redonda que compartió con Joan Roca y José Carlos Capel en el escenario del Basque Culinary Center. Su apretada agenda no nos dejó tiempo para charlar despacio, algo que solucionaremos en septiembre porque hemos quedado para vernos de nuevo en su restaurante de la carrera 9. Queda menos para poder conocer más sobre él y su filosofía de cocina y sobre todo, para verle en acción en su casa.
153 mundos infinitos encerrados en un tubérculo

También tuve la oportunidad de encontrarme con un antiguo discípulo de Sasson, Oscar René González, ahora chef y dueño del restaurante Innato Colombia . De origen bumangués e hijo de campesinos oriundos de Santander, González es un apasionado de la cocina tradicional colombiana y lleva años profundizando en los sabores del altiplano cundiboyacense. Siendo un ávido investigador de las tradiciones gastronómicas andinas y conocedor del valor que esas cocinas ancestrales pueden aportar a los recetarios modernos, se ha convertido en un experto de las 153 variedades de patatas nativas existentes en el país que le han llevado a explorar las infinitas posibilidades que estos tubérculos pueden aportar a la gastronomía colombiana actual.

Todas las propuestas de los platos que ofreció en el festival tenían un hilo conductor común: patatas nativas recuperadas a manos de comunidades indígenas y campesinos colombianos. Entre otras, hablamos de patatas con panceta de cerdo sellada en miel cítrica con ceviche de frijoles de Montes de María y limón mandarino; patatas con chorizos santandereanos, melao de mostaza, suero costeño, queso costeños, y polvo de arepa santandereana; patatas con sobrebarriga desmechada, hogao casera, ají de aguacate y cebolla ocañera encurtida, patatas con chunchullo crocante, queso de Paipa rallado, mayo de ajo. sal acida, aceite de oliva y perejil; palomitas de chicharrón carnudo y totiado con ají chuyaca (de guanábana), ají de banano manzano y mayonesa de ajo.

Es sinceramente emocionante el homenaje a los valores tradicionales y a la diversidad de los productos colombianos locales que cocineros como González defienden, resaltando el valor de los sabores que permiten conocer la cultura y las tradiciones gastronómicos de un país a través de platos modernos e innovadores, llevados directamente desde el campo a la mesa.
Alimentarte Biodiverso
Los organizadores también mostraron su gran compromiso con la gastronomía local y sostenible a través del programa Alimentarte Biodiverso; una iniciativa posible gracias a la alianza entre Fundación Corazón Verde y el programa Amazonia Mía de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID).
Para ello, el festival contó con un mercado de productos sostenibles y con expositores de comida de la región amazónica colombiana, en el que participaron seis productores locales provenientes del Putumayo, Caquetá y Guaviare; todos ellos comprometidos con la elaboración sostenible de sus productos y la conservación de la biodiversidad de sus bosques.
Entre sus propuestas, me quedo con los quesos de elaboración artesanal; el açaí; la harina de chontaduro, las conservas y la pimienta. Contaban además con tres puestos de cocina dentro de la zona de restauradores, dos de ellos siendo representativos de establecimientos de ubicación fija en Bogotá, además de uno proveniente de la región amazónica.

El programa Amazonia Mía busca reducir la deforestación, promover la conservación de los bosques, impulsar medios de vida sostenibles para las poblaciones que habitan estos territorios y contribuir a la mitigación del cambio climático.
Por otra parte, me hizo ilusión comprobar que cuando se quiere, se puede. Ver cómo la organización, además de poner el foco en los más mediáticos, hacía un gran esfuerzo para dar la mayor visibilidad posible a un grupo nutrido de 50 jóvenes emprendedores del sector, cuyos esfuerzos no solo son fundamentales para el crecimiento del mercado de la hostelería en general, sino también para dar un pequeño empujón al desarrollo del la economía local, es algo que personalmente no dejaré de valorar. Con la ayuda de un posicionamiento exclusivo dentro del Festival, estos proyectos emergentes pudieron acercarse a un gran número de potenciales comensales, a la vez que ese publico tuviera la oportunidad de descubrir nuevas propuestas gastronómicas locales.

Más allá de la gastronomía, tampoco pudo faltar la diversión y el entrenamiento. Todos los asistentes disfrutaron del ambiente dinámico y festivo del evento, que incluía una gran cartelera de actuaciones musicales, una agenda completísima de showcookings protagonizados por una larga lista de chefs nacionales y el acceso a dos zonas – el Beer Garden y Coctelería – , que mantuvieron sus aforos al máximo todos los días.
Un bautismo inolvidable a más de 2.000 metros

Por casualidades de la vida y casi sin querer, Alimentarte 2023 logró convertirse en lo que se podría llamar “mi bautismo gastronómico colombiano” y sin duda alguna, así lo recordaré siempre.
Me sentí feliz de poder compartir al aire libre la esencia de la cocina colombiana entre cocineros, gastrónomos y foodies. Mirara donde mirara, no dejaba de ver parejas enamoradas, jóvenes, mayores, grupos de amigos y familias que venían acompañadas con sus hijos, abuelos e incluso con sus mascotas.

Puedo decir que la experiencia de haber vivido en primera persona este festival, me llevó mucho más allá del simple acto de probar platos y descubrir nuevas cocinas. Más bien me dejó con la sensación de haber conectado con la manera con la que se produce, se cocina, se consume y se defiende la riqueza cultural gastronómica en este país.
Todo por una buena causa
No puedo cerrar esta primera reseña desde Colombia sin citar qué hay detrás de este gran Festival. Alimentarte Food Festival es una plataforma gastronómica creada por la Fundación Corazón Verde una entidad sin ánimo de lucro, cuyo misión es desarrollar iniciativas sociales que apoyen a las familias de los miembros de la Policía Nacional colombiana, fallecidos o lesionados en acto de servicio.

A pesar de que en 2016 se firmó un Acuerdo De Paz, en Colombia mueren en actos de servicio más de 500 policías al año, casi todos víctimas de la violencia que sigue azotando al país. Con ello, cada año sigue creciendo el número de huérfanos y viudas de policías que han muerto cumpliendo con su deber. La dimensión de esta tragedia acumulada desde hace más de 30 años no solo es dramática sino que sigue creciendo año tras año.
La fundación genera recursos por medio de proyectos sostenibles e innovadores, como el del Festival Alimentarte, sin depender de donaciones o convenios con entidades privadas y gubernamentales. Sus actividades, centradas tanto en la gastronomía como en el arte, procuran promover y promocionar eventos de alto impacto.

Entre sus programas sociales, que operan en todo el territorio nacional y tienen cobertura hasta en los lugares más apartados y desprotegidos del territorio, figuran varias iniciativas:
Programa que facilita el acceso a la educación mediante la prestación de becas educativas a los niños huérfanos de los policías fallecidos en actos de servicio.
Programa que ayuda a cumplir la necesidad de muchas familias de policías víctimas de la violencia, haciendo posible el sueño de tener vivienda propia.
Programa de acogida y apoyo psicológico a los familiares de policías victimas de la violencia, que han sufrido la perdida de un ser querido o bien su familiar se enfrenta a una condición de discapacidad, mediante talleres presenciales.
Desde su fundación en el año 1999 y gracias a la participación activa de los ciudadanos, Fundación Corazón Verde ha logrado: entregar más de 370 soluciones de vivienda, educar a más de 8.650 niños huérfanos de policías que han recibido becas de educación primaria y secundaria y brindar acompañamiento psicológico a más de 8.000 familiares de policías que han sido víctimas de la violencia en Colombia.

Cuando quedaban pocas horas para que Alimentarte cerrara sus puertas, tuve la oportunidad de hablar con Paula Rodríguez, subdirectora ejecutiva de la Fundación Corazón Verde y responsable de la organización del Festival para pedirle un balance y me confirmó que “los datos no pueden ser más positivos. Durante los cinco días de Alimentarte, el equipo ha atendido a más de 42.000 comensales y ha servido más de 72.000 degustaciones. Aunque todavía faltan números que contrastar, puedo confirmar que hemos cumplido con una de nuestras metas: la concesión de 6.000 becas escolares”.
“No solo eso”, añadió, “el evento generó 4350 empleos directos y 3.770 indirectos y en cuanto a nuestra meta sostenible, pudieron reciclar más de 1.400 kg de material residuo aprovechable, un tema que también nos preocupaba cuando empezamos a planificar esta edición”.
Para Rodríguez, no es un encuentro gastronómico más. “La organización realiza toda la gestión del evento, soportando los gastos de montaje y promoción del festival. No cobramos canon de entrada a los restauradores ni a los expositores y el 30% de sus ventas, que es lo que cobramos, se invierte directamente en proyectos y en programas sociales”.
Más allá de las cifras y los números, confesó que “ver que lo que haces tiene un efecto positivo en las vidas de los demás da sentido a todo el esfuerzo que hay detrás. Organizar este tipo de eventos con un fondo tan social también te hace sentir un gran peso de responsabilidad porque sabes que si no salen bien las cosas, no habrá becas para los niños ni ayudas familiares. Sobre todo porque a veces depende de nosotros, pero otras muchas no. ¿Qué hubiera sucedido si hubiera llovido los 5 días? No hubiera venido nadie y esas 6.000 becas se hubieran volatilizado. Es un riesgo que está allí y que hay que asumir”.

Me despedí de Paula preguntándole por la conexión de Fundación Corazón Verde con la cultura gastronómica y me respondió con otra pregunta: ¿Conoces alguna otra disciplina capaz de unir a todo tipo de personas en un mismo lugar y lograr que disfruten en armonía y en paz?
Más Información Sobre la Fundación
